Los problemas de calidad del trigo duro no inciden en el precio ni en las siembras
Con el 85% de la superficie de cereal de invierno ya sembrada en Andalucía, no se prevén oscilaciones de cultivos y el trigo duro seguirá siendo el rey
La campaña de siembras de los cereales de invierno en el campo andaluz no pudo empezar mejor. Las esperadas lluvias caídas a principios de noviembre permitieron al suelo coger el tempero necesario para que los agricultores realizaran el abonado en las parcelas y las labores de preparación de la tierra previas a recibir la simiente.
«Ha llovido poco en noviembre, pero ha llovido bien, por lo que las siembras están ya al 85% en el campo andaluz, con una buena germinación y nacencia en los trigos más tempranos», señala el técnico de cultivos herbáceos de Asaja Sevilla, Fernando Rodríguez.
Las previsiones para esta campaña de siembras, que aún no ha terminado, es que la superficie de cereales «se mantenga similar a la del año anterior, sin que haya grandes oscilaciones entre cultivos».
El año pasado se sembraron 177.795 hectáreas de trigo duro en Andalucía, de las que 72.150 hectáreas fueron en la provincia de Sevilla, la mayor productora de la comunidad. El trigo blando ascendió a 133.066 hectáreas en Andalucía, de las que 65.300 se sembraron en la provincia.
No obstante, para esta campaña, «se estima que la superficie de trigo blando crecerá mínimamente, en detrimento de la del trigo duro, ya que este cereal tiene mayores costes productivos», explica el técnico de la patronal agraria.
Buenos precios
Pese a esa «mínima fluctuación» entre el grano harinero y semolero, Fernando Rodríguez destaca que «los precios de los trigos no han sido del todo malos, sobre todo, en comparación con otras campañas».
Destaca especialmente el comportamiento que ha tenido el trigo duro, que ha cotizado por encima del año pasado pese a sus problemas de calidad por maculado. De hecho, la industria semolera ha venido exigiendo este año conocer el parámetro «GMF» (que hace referencia a los granos germinados, maculados y con fusarium), que hasta ahora no se había requerido, y en función de dicho parámetro se ha acordado el precio del trigo duro.
La Lonja de Cereales de Sevilla fijaba el pasado 1 de diciembre un precio de 264 euros la tonelada de trigo duro del grupo uno, con un GMF igual a 20, lo que supone «hasta 15 euros más respecto a estas mismas fechas del año pasado», apunta el técnico de Asaja Sevilla.
«Los industriales decían a principios de campaña que estos trigos maculados iban a ir a pienso, pero se ha demostrado que las mezclas de partidas de diferentes trigos y la ‘alquimia’ en la industria semolera ha propiciado que los asuma el mercado sin problemas», subraya.
Liderazgo
Este buen comportamiento del trigo duro en el mercado ha hecho que los agricultores no le den la espalda, y que continúe siendo también en esta campaña 2020-2021 el rey de los cereales, y el principal producto histórico del secano andaluz.
Un cultivo que en las últimas campañas ha fluctuado en cuanto a superficie, destacando la caída del 27% en la campaña de 2018-2019, pasando de 238.270 hectáreas en Andalucía a 173.980 hectáreas, recuperando parte de la superficie en la siguiente (2019-2020), situándose en 177.700 hectáreas. En la provincia de Sevilla la superficie de trigo duro ha variado desde las 98.430 hectáreas de la campaña 2017-2018 a las 67.650 y las 72.150 hectáreas en las dos campañas siguientes.
En cuanto a otros cereales considerados como «secundarios», como es el caso de la cebada o el triticale, se van consolidando como cultivos alternativos a los trigos en el campo andaluz, debido a su buena rentabilidad y a que sus costes son inferiores a los del trigo duro. La cebada alcanza ya una superficie de 32.600 hectáreas en la provincia de Sevilla, y algo inferior, entorno a 20.800 hectáreas, ocupa la extensión del triticale.
En lo que respecta a las siembras de leguminosas como garbanzos, guisantes y habas, que cobran importancia en la rotación de cultivos y al ser plantas fijadoras de nitrógeno al suelo, «la tendencia de siembras es bajista en el garbanzo», señala el técnico. Los bajos precios y la falta de materias activas para el control de plagas y enfermedades «han ido mermando la superficie de este cultivo en los dos últimos años, con una caída de hasta el 43% desde 2018», apunta. En cuanto a los guisantes y las habas se mantienen «estables en superficie», con unas 14.300 y 13.600 hectáreas, respectivamente.
Oleaginosas
De cara a la primavera, entorno a los meses de febrero y marzo, empezarán las siembras del girasol en el campo andaluz. Un cultivo que también ha fluctuado en los últimos años debido a su baja rentabilidad, aunque, especialmente en las zonas de regadío se mantiene más estable, como alternativa al cultivo del maíz, ya que requiere de menos costes y menos necesidad de agua que el cereal amarillo.
Tras el ‘boom’ del alto oleico y su pérdida de valor en 2020, ya que el diferencial que ha tenido este año el alto oleico respecto a las pipas convencionales es de apenas de 5 euros la tonelada (cuando en la cosecha de 2019 ese diferencial llegó hasta los 150 euros/tonelada y se liquidaron pipas alto oleico con precios cercanos a los 500 euros la tonelada), se prevé que el girasol linoleico vuelva a ganar la cuota perdida en favor del alto oleico.
Así, si en esta campaña el 60% de la superficie ha sido sembrada con variedad alto oleico y el 40% con linoleico, se prevé que «en las próximas siembras de primavera este porcentaje se dé la vuelta, y el girasol convencional (linoleico) vuelva a copar más de la mitad de la superficie de esta oleaginosa en el campo andaluz», señala el experto de la patronal agraria.
La pandemia del Covid-19 y el cierre del canal Horeca (Hostelería, Restauración y Catering), que es precisamente el gran consumidor del aceite alto oleico, ha influido en la baja cotización de esta variedad, pues en 2020, por primera vez el sector industrial se ha encontrado con una cosecha muy superior de alto oleico, precisamente cuando menos demanda ha habido.
Respecto al maíz, las siembras estarán determinadas por las lluvias y por el agua acumulada en los embalses de aquí a la primavera. En los últimos años, el cultivo ha seguido un claro retroceso, pasando de 11.200 hectáreas en 2019 a 8.600 en 2020 en el campo andaluz. No obstante, la subida del precio en las últimas semanas (cotizando en el entorno de los 220 euros la tonelada, cuando hacía varios años que los precios giraban entre 170 y 190 euros/tonelada) puede animar a algunos agricultores a apostar por el maíz y a recuperar parte de la superficie perdida.