El limonero se abre paso entre los cítricos por su huella de carbono
Cambio climático

El limonero se abre paso entre los cítricos por su huella de carbono

El campo andaluz suma unas 500 hectáreas de limón en los últimos seis años

26/04/2021 a las 07:00

En Andalucía el cultivo del limón es insignificante si se compara con el de la naranja o la mandarina. Sin embargo, no es desdeñable el crecimiento productivo que este cultivo está experimentando en los últimos años en provincias como Huelva, que ha pasado de una cosecha de sólo 274 toneladas en 2020 a 3.410 toneladas en 2021, con un aumento superior al 1.000%; o de Córdoba, cuya oferta ha crecido un 62%. No obstante, Málaga sigue siendo la mayor productora andaluza de limón, con el 68% del total.

Así, en el campo andaluz, con una superficie de 6.539 hectáreas de limoneros, se prevé un aforo para esta campaña 2020-2021 de 109.590 toneladas, suponiendo la cosecha andaluza el 11% de la producción de limón nacional.
No obstante, el papel que el limonero desempeña como aliado frente al cambio climático, además de su rentabilidad, está haciendo que muchos agricultores se planteen esta opción de cultivo, por lo que va ganando peso entre los cítricos andaluces.

Y es que «el limonero es el cultivo que consigue los valores superiores de fijación de carbono con respecto a los otros cítricos y el resto de las especies arbóreas», apuntan desde la Asociación Interprofesional del Limón y Pomelo (Ailimpo).

Resultados del informe

Así, un informe realizado por Ailimpo, en el que se cuantifica la huella de carbono del sector del campo a la mesa concluye que «cada limonero captura 22,6 kilos de dióxido de carbono (CO2) al año y que un kilo de limones frescos que el consumidor adquiere en la frutería retiene 263 gramos de CO2».

En definitiva, «el bosque de limoneros es un aliado en la lucha contra el cambio climático, ya que es sumidero de las emisiones que, de media, generan en nuestro país 62.500 personas al año». Las elevadas cifras de fijación de gases de efecto invernadero vienen determinadas por las formas de cultivo que aplica el sector del limón.

limón
Limones / Agrónoma

Así, el aumento de la superficie de ecológico en la última década contribuye a una mayor captura de CO2. En este sentido, la incorporación de restos de poda supone la reducción de la evaporación de agua del suelo y un aumento de materia orgánica en el terreno que almacena más gases contaminantes.

Por otro lado, la optimización del riego y el uso de técnicas como sondas de humedad, mallas de acolchado para reducir la evaporación o la técnica del riego deficitario controlado conllevan una reducción del consumo de agua y, por tanto, una menor necesidad de energía para el riego, reduciendo emisiones.

«Dado que el 92% de la superficie de limón cuenta con sistemas de riego localizado, sin laboreo del suelo, no se consumen combustibles fósiles en el acondicionamiento del terreno. Además, la no labranza conlleva una menor actividad de mineralización de la materia orgánica, lo que favorece la fijación de mayor cantidad de carbono en el suelo», añaden desde la interprofesional del sector.

Políticas verdes europeas

Europa obliga a cultivar un futuro saludable y, en este escenario, «el limón andaluz y español tiene enormes expectativas de crecimiento», un cultivo que en España se hace «siguiendo los estándares más exigentes del mundo en seguridad alimentaria, trazabilidad y sostenibilidad».

El uso principal del limón es en fresco, produciéndose una media mundial de 3.600.000 toneladas, y siendo España el primer comercializador del mundo, con 740.000 toneladas. Respecto al uso industrial, España es el segundo productor mundial de limón procesado, con 236.375 toneladas, que se destinan a la elaboración de zumos naturales y concentrados, extracción de aceites esenciales, fabricación de piensos, productos del hogar u obtención de ácido cítrico natural con destino a la confección de conservas naturales.

Escrito por

Ámbitos