En marcha todo un engranaje tecnológico para que la sandía y el melón lleguen perfectos a la mesa
Agricultura

En marcha todo un engranaje tecnológico para que la sandía y el melón lleguen perfectos a la mesa

El sector almeriense intensifica los controles de madurez en origen y trabaja para lograr un transporte sostenible que garantice la calidad en los lineales

06/07/2026 a las 06:34

El sector de la fruta que más se consume en verano, melón y sandía, no solo se enfrenta al reto de producir más y mejor sino de que el producto llegue en perfectas condiciones a la mesa del consumidor, para lo que es vital alargar su vida comercial.

Para asegurar el éxito en los lineales de los supermercados, tanto nacionales como internacionales, las comercializadoras andaluzas operan bajo un estricto protocolo científico estructurado en tres fases críticas. La primera de ellas se dirime en el propio invernadero o cultivo al aire libre.

De manera conjunta, la interprofesional Hortyfruta y la Junta de Andalucía pusieron en marcha ya a finales de abril y hasta que acabe la campaña, un año más, la campaña ‘No cortes en verde’, un operativo que se ha convertido en una pieza fundamental del calendario agrario almeriense y que tiene como objetivo verificar que tanto la sandía como el melón alcancen el grado de madurez y los niveles de azúcar exigidos antes de ser recolectados y enviados a los lineales de los supermercados, evitando así que una recolección prematura perjudique la imagen de calidad del sector.

Y es que cortar un melón o una sandía dos días antes de tiempo arruina el producto, ya que estas frutas no maduran bien una vez recolectadas, y desanima al consumidor a repetir en la compra.

Llegada a los almacenes

Una vez que las sandías y los melones llegan a los almacenes, se acaba el trabajo tradicional y empieza la alta tecnología. El producto se somete a procesos automatizados, y muy complejos, que se practican ya en todos los grandes almacenes de la zona almeriense, muchos de ellos especializados en fruta de verano.

Después de limpiarse, con duchas de agua osmotizada y tratamientos a base de biocidas naturales, lo que evita hongos, se clasifica cada pieza por tamaño y calibre. En este punto, ya hay tecnologías, como la Biyectiva Technology, que ganó el certamen Summit celebrado en Málaga, que emplean sistemas de Inteligencia Artificial para detectar la madurez de melones y sandías. Incluso existen escáneres de luz infrarroja capaces de «mirar» el interior de la sandía para detectar si tiene grietas internas o cámaras de aire sin manipularla.

Melones / Asaja Almería

El embalaje, clave

Por otra parte, al ser frutas de gran peso, el diseño del embalaje es clave. Se utilizan cajas de cartón corrugado de alta resistencia con separadores internos para evitar que las piezas choquen entre sí o sufran abolladuras por el propio peso del palé durante los giros y frenazos del transporte.

De otro lado, tanto el melón como la sandía son extremadamente sensibles a los cambios bruscos de temperatura. Si pasan calor, se fermentan; si pasan demasiado frío, la pulpa se vuelve harinosa y pierde sabor.

Por ello, las empresas andaluzas utilizan un sistema de pre-enfriamiento rápido en cámaras frigoríficas nada más terminar el envasado. Esto estabiliza la temperatura interna de la fruta a unos óptimos 8-10 °C para el melón y unos 10-12 °C para la sandía. Posteriormente, la flota de camiones refrigerados (auténticas neveras sobre ruedas) mantiene una atmósfera controlada durante los dos o tres días que puede durar el viaje hacia Alemania, Francia o el Reino Unido, monitorizando la temperatura por GPS en tiempo real para reaccionar ante cualquier imprevisto.

De hecho, más allá de la fruta con menos semillas o más dulzor, todos los esfuerzos en innovación se encaminan, precisamente, a lograr variedades más resistentes no solo a las plagas y enfermedades, sino a una ‘poscosecha’ que es clave para que el producto se posicione en perfectas condiciones en los lineales.

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