Javier Muñoz: «Se recolectan naranjas muy verdes que llegan al mercado y revientan el consumo»
La finca sevillana Los Calderones, especializada en el cultivo de cítricos de la segunda parte de la campaña, ha apostado por variedades nuevas extratempranas
La tierra de color caldera da nombre a la finca sevillana Los Calderones y sustento a sus 275 hectáreas dedicadas íntegramente a la producción de cítricos, concretamente naranjas y mandarinas. Ubicada al norte del término municipal de Cantillana, la propiedad pertenece hoy a los herederos de Miguel Muñoz Revilla, quien con el asesoramiento técnico del ingeniero agrícola Fernando Sarriá, recientemente fallecido, apostó a principio de los años 70 por cultivar cítricos en suelos que se adentran en las estribaciones de Sierra Morena, consiguiendo naranjas de sabor y calidad diferenciadas respecto a las que se cultivan en la Vega del Guadalquivir.
Desde sus inicios, la finca se ha especializado en la cosecha de naranjas tardías, aquellas que se recolectan en la segunda parte de la campaña (a partir del mes de enero), aunque el año pasado la familia Muñoz dio un giro de 180 grados en su planificación y apostó por nuevas variedades extratempranas como la naranja M7, conocida como «la nável más rentable del mundo», con la que esperan competir en la primera campaña.
-Los Calderones es una de las mayores fincas de cítricos que se cultivan en la sierra. ¿Qué distingue a estas naranjas respecto las que se desarrollan en la zona de la vega?
-En la sierra los naranjos producen menos cantidad de fruta y, en líneas generales requieren más cuidados pero, por contra, la calidad de las naranjas es superior. La orografía ondulada del terreno y la altitud crean un microclima particular en el que se suavizan las temperaturas y no se producen heladas. Este clima, unido a las características del suelo, funciona especialmente bien con las variedades de naranjas más tardías, que se dan fenomenal en la finca y con las que estamos obteniendo unas producciones de máxima calidad. Nuestro objetivo no es hacer kilos, sino posicionarnos en los mercados premium a través de los principales marquistas españoles.
-¿Qué producción tiene la finca?
-Los Calderones cuenta con 275 hectáreas, de las que 40 se dedican al cultivo de la mandarina y el resto al de la naranja. Nuestra producción oscila entre 6 y 8 millones de kilos de ambos cítricos, aunque la cosecha de mandarinas el año pasado alcanzó los 750.000 kilos. Cultivamos unas 11 variedades de cítricos distintas, la gran mayoría correspondiente a fruta tardía. En el sector citrícola se pueden distinguir dos campañas: la primera, de octubre hasta diciembre, con mucha oferta y precios más bajos, y la segunda, de enero a abril, con menos oferta y precios generalmente más elevados. La mayoría de nuestras variedades son de naranjas de segunda campaña, que son las que mejor se adaptan a las condiciones físicas de la finca, aunque, como novedad, el año pasado apostamos por una variedad nueva y muy temprana, como la M7.
Variedades antiguas
-¿Va a entrar en producción en esta campaña por primera vez?
-Bueno, el año pasado sacamos una pequeña cosecha de la que obtuvimos muchísima calidad, y la recolección de este año se presenta muy positiva también. La M7 es una mutación ultratemprana de la variedad navelina, con lo que consigue su color más uniforme cuatro semanas antes que ésta y la madurez interna entre tres y cuatro semanas antes. Esta nueva variedad, que pertenece al Club de Variedades Vegetales Protegidas (CVVP), tiene restringida su producción a 1.500 hectáreas repartidas por las distintas zonas citrícolas, con objeto de estudiar su desarrollo en cada tipo de suelo y microclima y poder definir las mejores condiciones de cultivo. Parte de nuestra producción de esta variedad se expondrán en la próxima edición de Fruit Attraction que se celebrará del 5 al 7 de octubre.
–Pese a la reciente apuesta por las variedades nuevas, la finca es conocida por cultivar, casi en exclusividad, algunas naranjas muy antiguas.
-De las 11 variedades en cultivo, al menos cuatro continúan cultivándose desde el origen de la finca, como son las navelate, lane late, valencia late o la sanguineli. Esta última es la más particular, conocida también como “naranja de sangre”, en alusión al color rojo oscuro de su pulpa y su zumo, el mismo tono que, en forma de vetas, pigmenta parte de la cáscara de la fruta. Se trata de una naranja que hoy es muy difícil de encontrar en el mercado español, aunque hace 40 años sí que tenía aquí su público. En la finca cultivamos unas 25 hectáreas de naranja sanguineli, con una producción que ronda el millón de kilos en cada campaña y que va todo a la exportación, pues es muy demandada en Italia y en Francia.
Campaña 2016
-La campaña de recolección ha empezado ya en Huelva y está a punto de hacerlo en Sevilla. ¿Cómo se prevé la cosecha en Los Calderones?
-Prevemos una pérdida de producción del orden del 15% respecto al año pasado. Las lluvias caídas en mayo afectaron a los naranjos y las altas e inusuales temperaturas de septiembre tampoco han ayudado, pues las naranjas necesitan frío para que cambien de color y maduren, por lo que puede retrasarse la recolección. En algunas zonas de la vega ya se están recolectando naranjas navelinas pese a que la fruta está todavía verde y sin madurar. Se trata de partidas a las que aplican la técnica del desverdizado para llegar al mercado lo antes posible aunque, de esta forma, sólo se consigue reventar el consumo. Cuando un consumidor compra fruta tres veces y está mala, a la cuarta opta por no comprarla directamente, aunque sea entonces cuando esté entrando al mercado naranjas en óptimas condiciones de calidad.
-Los precios iniciaron una recuperación la campaña pasada tras años muy duros para el sector productor de cítricos. ¿Se sabe ya a cuánto van a arrancar las operaciones?
-La campaña empieza en Huelva con la recolección de una mandarina muy temprana, la Clemenrubi o Pri-23, que se da muy bien en la provincia onubense y es la que abre los mercados. Pero con el calor de este año, la fruta se ha quedado con un calibre pequeño y no ha cogido todo el color que debería, por lo que el mercado permanece atascado y con cierto nerviosismo. Es verdad que el año pasado hubo más alegría en el sector por cómo fueron las cotizaciones y se prevé que este año se mantenga, al menos, en los mismos niveles, aunque finalmente dependerá del mercado. Por eso, cuando ves que por esta época se cogen naranjas que no están todavía maduras para su comercialización se te ponen los pelos de punta.
-En la rentabilidad del agricultor, además de los precios en origen hay que tener en cuenta los costes. ¿Hay que invertir más en una explotación de la sierra?
-Contamos con una plantilla de entre 30 y 40 personas que trabajan de manera permanente en los cuidados de la finca, que son muchos. Tenemos una concesión hídrica del río Viar que almacenamos en unas presas y desde allí llevamos el agua para regar por goteo todos nuestros naranjos. Contamos con muchos kilómetros de gotero, y hay que revisar que ninguno esté atascado para que llegue el agua en óptimas condiciones según las necesidades de los árboles. Además, invertimos mucho en labores de poda y contamos con la supervisión de varios ingenieros técnicos que son los que deciden los distintos tratamientos que hay que aplicar en la finca. Luego, en la época de recolección, la plantilla de trabajadores puede aumentar hasta a 300 personas, pues ha habido jornadas en la que hemos recolectado unos 200.000 kilos de naranjas al día. La cogida de la naranja a mano supone una fuerte inversión, pues aunque se empiezan a hacer pruebas de recolección de cítricos con máquina, como nuestra finca está al principio de la sierra y el terreno está en pendiente, dudo que en un futuro cercano podamos pasar de la recolección manual a la mecanizada.