Unas 325.000 toneladas de naranja andaluza para zumo, sin mercado
Tratado UE-Mercosur

Unas 325.000 toneladas de naranja andaluza para zumo, sin mercado

El Comité de Gestión de Cítricos (CGC) alerta de las consecuencias para el sector citrícola andaluz y español

22/07/2019 Actualizado a las 12:25

El tratado de la Unión Europea (UE) con los países de Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) se anunció el pasado 28 de junio, «pero de momento ni la Comisión ni el Gobierno español han aclarado al sector citrícola sus condiciones». Así lo denuncia el Comité de Gestión de Cítricos (CGC), la asociación que aglutina a los principales exportadores de España, que se basa en informaciones publicadas por el Ministerio de Agricultura de Brasil para señalar que «los aranceles al zumo de naranja concentrado brasileño desaparecerán progresivamente en diez años y los del zumo 100% exprimido (que es estratégico para la industria española) lo harán antes, en siete. Igualmente, los derechos aduaneros para las importaciones de naranjas y mandarinas en fresco, a falta de mayor detalle sobre los plazos, también se eliminarán».

Con tales parámetros, el CGC alerta del «impacto directo» que a medio plazo este acuerdo provocará en la actividad de las plantas procesadoras de zumo del país, afectando a empresas referentes a nivel estatal y con implantación en Andalucía como García Carrión (marca Don Simón), con fábrica en Huelva; o Zumos Palma (elaboradora de Zumosol), con presencia en Palma del Río (Córdoba). Esto, a su vez, «repercutirá mermando los ingresos de los citricultores», explica la patronal, que apunta que «la falta de un destino cierto para las entre 650.000 y 800.000 toneladas de naranjas no aptas para el mercado en fresco que cada año se cosechan y que se valorizan con el zumo, de las que el 50% son naranjas andaluzas (es decir, entre 325.000 y 400.000 toneladas), no sólo tendrá graves repercusiones económicas para el productor sino que amenaza con degenerar en un problema medioambiental añadido, derivado de la gestión de los lixiviados de la fruta».

La competencia en Europa entre dos citriculturas líderes pero antagónicas como la brasileña, dedicada casi en exclusiva a la industria de zumos, y la española, que trabaja para el mercado en fresco, sin los aranceles que hasta hoy protegían a duras penas a los productores europeos es, a juicio del CGC, «muy complicada». Así destaca que «nuestro país, siendo el cuarto o quinto mayor productor de cítricos (unos 7,5 millones de toneladas) y el sexto en naranja concretamente, comercializa en fresco hasta 5,6 millones de toneladas y es el primer exportador en fresco. Pero lo es gracias al mercado comunitario, donde dirige más del 90% de sus ventas exteriores y también la práctica totalidad de lo que transforma en zumo».

El líder del zumo mundial

Brasil, por contra, pese a ser el segundo productor de cítricos y el primero en naranjas, apenas las exporta en fresco pero sí es, con mucha diferencia, el gran procesador de zumos del planeta (transforma una media de 12 millones de toneladas). En este sentido, el CGC subraya que «el mercado europeo, en cuanto al zumo 100% exprimido se refiere, ya tiene un reparto desigual: España aglutina ventas por un volumen de alrededor de 300.000 toneladas pero Brasil casi triplica esas cifras». Además, los costes del modelo agrario brasileño basado en el zumo «son inalcanzables para la citricultura española». Así, producir una naranja en el país sudamericano es, al menos, tres veces más barato y recogerla hasta diez.

Por último, la patronal recalca que «reforzar las posiciones en Europa de la oferta brasileña ya mayoritaria de zumos (tanto en el 100% exprimido como, más aún, en el concentrado) gracias a la eliminación de los aranceles, permitirá bajar si cabe más los precios, lo que inevitablemente arrastraría a la industria española». De hecho, según el CGC «la nueva ganancia de cuota de mercado de los tres gigantes brasileños (las empresas Citrosuco, Cutrale y Louis Dreyfus) tendrá como consecuencia directa que esas naranjas que antes se aprovechaban para ser transformadas se irán quedando en los campos porque su valor no cubrirá ni los costes de recolección y menos aún los de procesado, lo que inevitablemente repercutirá muy seriamente sobre la renta del citricultor».

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