Buena calidad y precios altos para la campaña andaluza de remolacha
Agricultores y la propia Azucarera esperan que la campaña de recolección acabe sobre el 15 de agosto
La campaña de la remolacha no empezó como está terminando. Cuando llegó la hora de la siembra en invierno, los agricultores no estaban seguros de poder sacar la cosecha adelante. Como dice Carmelo Vidal, técnico de COAG, «estábamos con la mosca detrás de la oreja», y no es para menos, después de la campaña de 2023, marcada por la sequía que duraba ya unos años. Finalmente, sembraron remolacha y las lluvias del invierno y primavera han salvado de la ruina a muchas familias.
Desde el 24 de mayo, día que comenzó la recolección, cientos de toneladas diarias llegan a Azucarera, única empresa de Andalucía que prepara el producto para su comercialización.
La principal novedad este año, según David Moreno, técnico de Asaja, es que «es la primera vez en la historia que no se compra por índice sacárido, ni hay descuento por impureza ni bonificación, va todo para dentro. Necesitan azúcar a nivel internacional». El agricultor en esta campaña ha hecho un contrato con Azucarera basándose en la media de producción de remolacha de otros años.
El precio para Azucarera
La empresa Azucarera está pagando 60 euros por tonelada de remolacha, otra de las novedades de este año. La campaña está dando resultados «de muy buena calidad, no ha habido problemas de plagas», apuntaba Moreno. En este sentido, aseguraba, que el único problema que se puede presentar en las próximas semanas es la «podredumbre» si no se coge la remolacha a tiempo.
Este problema puede darse más en los riegos a pie, es decir, aquellas zonas de Los Palacios, por ejemplo, en las que el agua se canaliza a través de canaletas donde los agricultores tienen instaladas unas gomas y las sueltan en las tierras distribuyendo el agua por medio de surcos.
El riesgo de la podredumbre
Ambos técnicos coinciden en que se trata de una «muy buena cosecha por cantidad y calidad». Para Carmelo Vidal, esta es «una campaña media alta», especificando que los riesgos a pie son «más complicados porque con temperaturas altas no se puede regar más y pueden aparecer problemas de podredumbre o la planta se cuece». No obstante, en los municipios pertenecientes al sector BXII, aseguraba el técnico que, la remolacha puede aguantar más tiempo porque en estos municipios existe una infraestructura de sistemas de riego mecánico con bombas, aspersión o goteo.
En cualquier caso, estiman que la campaña de recolección no superará el 15 de agosto. A principios de esta semana, David Moreno calculaba que se ha recogido el 50 por ciento del total de la remolacha plantada, unas 300.000 toneladas molturadas. Aunque, según el técnico de la patronal, «hay más toneladas en el campo de lo que ellos piensan», refiriéndose a los cálculos realizados por Azucarera. En ese sentido apunta que la producción puede superar las 700.000 toneladas, entre las tierras de riego y secano.
Entre el secano y el riego
Cabe recordar que el cultivo de la remolacha está repartido principalmente en dos provincias andaluzas, Sevilla (4.400 hectáreas) y Cádiz (4.600 hectáreas), en total unas 9.000 hectáreas, cálculos con los que trabaja Carmelo Vidal, que dentro de COAG es responsable de la producción integrada, seguimiento del cultivo y asesoramiento del agricultor. La plantación se diferencia también por la producción que está en tierras de secano y regadío. En Sevilla hay 200 hectáreas de secano y 4.200 de regadío; en Cádiz, se reparten mitad y mitad.
Vidal cuenta que este año la siembra se ha retrasado por la situación de sequía que aún se mantenía durante los primeros meses de invierno. «Los agricultores estaban indecisos porque en esos momentos no había agua». Esta es la razón por la que la siembra se ha extendido por los meses de octubre, noviembre y diciembre «incluso en algunas parcelas se plantaron en enero», aseguraba el técnico.
En un año de lluvia, cuando el ciclo del agua es el normal, los agricultores del sector BXII, que abarca el regadío de tierras en los municipios del Bajo Guadalquivir (Lebrija, Los Palacios y Villafranca, Utreras, Las Cabezas de San Juan, El Cuervo) disponen de 6.000 metros cúbicos por hectárea. Este año la concesión fue de 4.000 metros cúbicos por hectárea, gracias sobre todo a las lluvias caídas en Semana Santa, cuando los embalses alcanzaron el 40 por ciento de su capacidad.
La otra ‘pelea’ de los agricultores
La siembra de la remolacha en la zona se lleva a cabo a partir del mes de octubre y la recolección ha comenzado este año el 25 de mayo. Queda poco menos de un mes para terminar la campaña de remolacha y los agricultores están pendientes de otra «pelea»: el precio que tiene que estipular Azucarera para la próxima campaña. «El secano se siembra en septiembre y es un tema que ya debería estar sobre la mesa».
No obstante, la situación en los municipios del Bajo Guadalquivir ha cambiado por completo con respecto a 2023. «En la zona hay otro ambiente, se ve a más gente trabajando en el campo, estamos volviendo a la situación que había antes de la sequía en todos los cultivos», cuenta Vidal. Pero como pasa habitualmente en el campo, ya se piensa en la próxima campaña con la esperanza puesta en el otoño y en las previsiones de lluvia. Para los agricultores, el año hidrológico empieza en septiembre.