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Recolección en el Bajo Guadalquivir

Se prevé una mala campaña de tomate industrial en Sevilla

La cooperativa Las Marismas de Lebrija podría perder hasta el 50% de la cosecha

21/07/2020 Actualizado a las 10:03

La semana pasada arrancaba la campaña de recolección de tomate para industria en la zona del Bajo Guadalquivir, concretamente en el sector B12, la mayor zona productora de la provincia de Sevilla. Y no con buenas impresiones.

De hecho, «se augura una mala campaña, pues climatológicamente no ha sido una buena primavera para el cultivo, que ha soportado infestaciones de mildiu y bacteriosis, lo que ha provocado una importante merma en los rendimientos en el campo», señala el presidente de la cooperativa Las Marismas de Lebrija, Juan Sánchez Vargas.

Así, explica que «los tomates más tempranos que se sembraron en el mes de marzo apenas alcanzan los 50.000 kilos por hectárea, cuando la media en esta zona está entorno a los 120.000-150.000 kilos por hectárea, por lo que se está cogiendo menos de la mitad».

Por tanto, aunque espera que la situación mejore en el tomate más tardío, el que se sembró en abril, augura que «este año va a haber muy poco concentrado de tomate, pues siendo optimistas la cosecha 2020 rondará los 160 millones de kilos de tomate para industria (que darían 30,7 millones de kilos de concentrado), cuando en 2018 recogimos unos 340 millones de kilos en fresco».

Una escasez de oferta que se hace extensiva a otras provincias y comunidades productoras como es el caso de Extremadura, principal productora nacional, aunque los rendimientos medios en Andalucía suelen ser mayores que los que alcanzan los tomateros extremeños.

Las Marismas de Lebrija informa de que «las pérdidas en el sector, siendo el tomate el principal cultivo de la cooperativa, van a ser importantes», pudiendo alcanzar «el 50% de la cosecha», por lo que los agricultores se enfrentan «a otro año muy complicado en el campo», sostiene el presidente.

El concentrado de tomate alcanza este año un mejor precio, del orden de 25-30 euros más que en 2019 y con la cotización al alza, pero «lamentablemente el agricultor no se va a poder beneficiar de esta circunstancia», apunta Sánchez Vargas. En primer lugar, «porque el tomate se contrata a futuro, por lo que se empieza a vender en el mes de enero. Por tanto, aunque ahora están subiendo los precios, la mayoría de productores ya no tienen tomate que vender». En segundo lugar está la corta producción: «Aunque los precios estén un poco mejor, hay muy pocos kilos, por lo que las cuentas al final no salen».

Cuentas en las que destaca, además, que «los costes se han duplicado para poder garantizar la seguridad de los trabajadores por el Covid-19». Por todo ello, Juan Sánchez califica 2020 como «annus horribilis» para el concentrado de tomate.

Un producto que más del 90% de lo que se produce en Las Marismas se exporta a los continentes de Europa, Asia y África. «Este año teníamos el objetivo de crecer en nuevos países árabes, pero ante la escasez de producción nos va a resultar imposible, por lo que hemos decidido atender aquellos mercados donde nuestro producto ya está consolidado y dejar para el año que viene los nuevos destinos», argumenta el presidente de Las Marismas.