«Andalucía era la que vendía trigo blando de calidad, pero ahora se tiene que importar»
La empresa obtentora ha vendido ya el 80% de su semilla para esta campaña de siembras
Pese al incremento de los costes productivos en el campo, incluido el precio de la semilla certificada, y el temor inicial a que muchos agricultores cerealistas apostaran por el barbecho en detrimento de la siembra de cereales, Agrovegetal prevé repetir las cifras de 2020.
«Estamos vendiendo semillas al mismo ritmo que en la campaña anterior, por lo que esperamos cerrar la campaña en los mismos términos», apunta Ignacio Solís, director de la empresa obtentora vegetal. De hecho, a finales de noviembre, «tenemos ya vendidas unas 10.000 toneladas, el 80% de la campaña, por lo que a priori se vislumbra que la superficie de trigo duro en el campo andaluz quedará en los mismos términos y que crecerá algo la extensión de trigo blando y de triticale, la misma tendencia observada en los últimos años».
El director de la empresa, dedicada al desarrollo de nuevas variedades de semillas certificadas de cultivos extensivos, explica que «la subida del precio de las semillas no está influyendo en las ventas porque el agricultor sabe a qué responde este incremento». En este caso, explica que «el precio de la semilla sale del precio del grano más un diferencial por lo que cuesta limpiarla, tratarla, seleccionarla y envasarla», y si el año pasado el grano de trigo duro costaba entorno a 250-260 euros la tonelada, «este año lo estamos comprando a más de 500 euros/tonelada, el doble, por lo que este incremento se traslada al precio final».
El comportamiento del trigo duro en esta campaña de siembras es una de las mayores incógnitas, ya que «por un lado, es un cultivo que precisa de mayores costes productivos, y con la subida del precio de los inputs, podría derivar las siembras hacia otros cultivos de menores costes, como el trigo blando o el triticale». Pero, «por otro lado, el trigo duro está en precios históricos, y estas buenas cotizaciones podría arrastrar las siembras a su favor, incrementando la superficie». Sin embargo, prevemos que, «una cosa por la otra, la balanza se queda más o menos como estaba, y al final la superficie de trigo duro se mantenga estable».
Solís asegura que «los agricultores cerealistas son muy conservadores», pero para aportar certidumbre en sus decisiones de siembra, «Agrovegetal continúa innovando, sacando variedades que vengan a dar respuesta a sus demandas». En este sentido, para esta campaña, la firma cuenta con distintas novedades.
Nuevas variedades
Respecto a trigo blando, Agrovegetal tiene en fase de multiplicación una nueva variedad llamada Rota, muy productiva y resistente a enfermedades, que llegará a la fase comercial en 2022. Se inscribió con las mejores notas en el registro oficial de variedades en 2020, por lo que «está llamada a ser una variedad líder, pues según nuestros ensayos es muy superior en rendimiento a las que hay en el mercado».
Luego, también en trigo blando pero ya a disposición del agricultor, están las variedades Santaella y Montemayor, dos nuevos trigos con el mismo ciclo corto que la variedad de trigo harinero más cultivada actualmente en Andalucía y en España (Artur Nick) y que pretenden echarle un pulso en el mercado.
En trigo duro la novedad se llama Don Ortega, y en triticale, se estrena la variedad Saleroso, ambas en fase comercial.
Uno de los pilares del éxito de Agrovegetal está en la apuesta por la I+D+i. «El 80% de nuestro presupuesto va destinado a investigación, y en nuestro programa siempre hemos dedicado el mismo esfuerzo al trigo duro y al blando, un 50-50, y algo menos al triticale, con alrededor de un 20%». No obstante, la cuota de mercado de Agrovegetal copa el 20% en las semillas de trigo duro y trigo blando en Andalucía y más del 50% en el cultivo de triticale.
Calidad versus cantidad
Respecto a los trigos, las prioridades de la investigación han cambiado, ya que «inicialmente nos obsesionaba la calidad, pero hoy apostamos por la calidad pero sin buscar la excelencia, pues tiene un coste en producción que la industria no está pagando». En este sentido, Ignacio Solís explica que en trigo duro «hemos subido tanto la calidad en las variedades que se cultivaban en España que ya no se importa prácticamente nada de Canadá».
Así, «en general, tenemos un buen nivel de calidad y eso hace que se pague bien lo bueno, pero no lo excelente. Por ello, hemos aflojado un poco respecto a la calidad, especialmente en trigo duro, renunciando al máximo nivel». «Ahora nos conformamos con una calidad buena, porque el rendimiento también es imprescindible para que el agricultor siembre una variedad», apostilla.
No obstante, en el caso del trigo blando es distinto, ya que «el problema es que no somos capaces de conseguir partidas grandes y homogéneas de trigo de muy alta calidad, que sigue teniendo un precio bueno en el mercado internacional y que se está empezando a importar».
De hecho, «antes Andalucía era la que vendía los trigos blandos de alta calidad y ahora los tenemos que traer de fuera porque los hemos dejado de producir, pues los agricultores se decantan por trigos como Artur Nick que son muy productivos, aunque el nivel de proteína no sea muy alto», declara el director de Agrovegetal.
Así, «se está importando del orden de un millón de toneladas al año de distintos orígenes, como los países bálticos (Rusia, Lituania, etc.), así como del sur de Francia, entre otros países». Respecto a España, el único punto en el que se sigue cultivando trigo blando de calidad «es Albacete, donde se producen trigos de fuerza en regadío y que están muy bien cotizados, pues logran hacer partidas grandes y homogéneas que es lo que busca la industria», concluye el directivo.