La nueva era del trigo blando: las variedades de última generación aumentan la productividad
Las mejoras en obtención vegetal han aumentado un 220% la productividad del cultivo en los últimos 50 años, según un estudio impulsado por Anove
La productividad del trigo ha aumentado un 220% en los últimos 50 años, y un 37% en los últimos 30. Este gran logro, que multiplicado exponencialmente, a su vez, los beneficios de un cultivo muy importante para España, y para Andalucía, han sido posibles gracias a las mejoras de la obtención vegetal.
Así lo explica un completo estudio elaborado por el Instituto Cerdà que concreta que los avances en obtención vegetal han hecho posible, entre 1990 y 208, «una producción adicional de 14,7 millones de trigo blando en España, es decir, el 11,5% de la producción en este periodo. Esto supone una producción anual promedio de 523.776 toneladas adicionales gracias a la mejora vegetal.
El ya nombrado informe, impulsado por la Asociación Nacional de Obtentores vegetales, Anove, sirve para poner sobre la mesa la importancia del desarrollo de nuevas variedades vegetales, un proceso basado en la innovación y la tecnología que permite adaptar los cultivos a los cambios climáticos y la realidad ambiental.
Más de 1.000 variedades
En concreto, desde los años 90 se han registrado más de 1.000 nuevas variedades de trigo blando en la UE como resultado de los avances científicos y la inversión en I+D del sector obtentor. Desde 2011, las compañías obtentoras han registrado 128 nuevas variedades de trigo blando en España, 41 de ellas en los últimos dos años.
«Cada una de estas variedades, con características específicas, ha contribuido al aumento del rendimiento de este cultivo. Se trata, según señala el Informe del Instituto Cerdá, «de un sector en constante evolución, que se adapta a las necesidades de los agricultores y la industria en cada momento».
El cereal con más superficie
Hay que recordar que el trigo fue el cereal de mayor superficie cultivada en el mundo (215 millones de hectáreas), y el segundo por detrás del maíz en cuanto a producción mundial, con 765 millones de toneladas producidas. De media, un español consume al año 65 kg de trigo y, según estimaciones de la FAO, la producción mundial de trigo ha de aumentar un 60% para poder alimentar una población mundial que alcanzará 9.600 millones de personas en 2050.
Según señala el Informe del Institut Cerdà, «en 2018, el 12% de las tierras cultivables españolas fueron sembradas con trigo (más de 2 millones de hectáreas), de las que el 80% (1,7 millones de hectáreas) correspondieron a trigo blando».
En ese mismo año, se alcanzó una producción de 6,7 millones de toneladas. Castilla León concentró el 52% de la superficie cultivada y el 54% de la producción de trigo blando, seguida de Castilla La Mancha (con 14% de superficie y 11% de la producción estatal) y Aragón (9% de superficie y 8% de la producción). Andalucía, Navarra y Cataluña producen cada una alrededor del 5% del total nacional.
De acuerdo con Antonio Villarroel, director general de Anove, «España muestra una tendencia al alza en el cultivo y producción de trigo blando en los últimos 30 años, aunque con una fuerte variabilidad». Sin embargo, como ha señalado Villarroel, «a pesar del incremento de superficie y productividad de los últimos años, España es un país importador de cereales y en particular, de trigo blando, con unos 7 millones de toneladas de promedio anual».
Ingresos agrarios
Según señala dicho estudio, «el incremento de la producción asociado a la actividad del sector obtentor permitió aumentar los ingresos de los agricultores entre 1990 y 2018 en más de 2.600 millones de euros, el 11,3% de sus ingresos de este periodo. Esto supuso una aportación a los ingresos anuales en promedio de 94 millones de euros/año».
A su vez, la generación de ingresos asociada a la actividad del sector obtentor ha hecho posible la generación de puestos de trabajo adicionales de forma directa, indirecta e inducida. En este sentido, se han generado entre 3.400 y 5.200 puestos de trabajo anuales equivalentes durante el periodo 1990-2018, habiendo una mayor concentración en las zonas rurales de España productoras de maíz.
Consumo y panificación
El trigo es, junto al maíz y el arroz, uno de los cereales más consumidos en el mundo, alimento básico en la dieta de más de un tercio de la población mundial. Su cultivo se considera fundamental para la seguridad alimentaria, al ser una de las principales fuentes de calorías y proteínas de la dieta humana, representando el 19% y 20% del total consumidas respectivamente.
Según señala el Informe Cerdà, «la mejora vegetal en trigo blando, y en particular la introducción de nuevas variedades, han contribuido al aumento de la calidad harinera y al desarrollo de nuevas variedades con mejor aptitud para la panificación y más ajustadas a las demandas de la cadena”.
Anove explica que «gracias al sector obtentor, se ha podido reducir el uso de aditivos para conseguir las calidades óptimas para la panificación. Asimismo, el uso de semilla certificada en el trigo blando permite al agricultor conseguir lotes de trigo homogéneos, demandados por la industria harinera».
El Informe Cerdá estima que, en caso de no haberse producido la actividad obtentora, entre 1990 y 2018 hubiera sido necesario importar 14,7 millones de toneladas de trigo adicionales, con un coste de 267 millones de euros. Además, la falta de innovaciones del sector obtentor hubiera supuesto para el sector harinero un sobrecoste mínimo anual asociado al transporte de trigo de 9,4 millones de euros
Demanda de los consumidores
Por otro lado, el sector obtentor ha venido desarrollando desde hace años diferentes iniciativas para dar respuesta a las demandas de los consumidores. «Las investigaciones en nuevas variedades de trigo blando adaptadas a las necesidades del segmento de la población celíaca o la investigación y desarrollo de trigo blando ecológico son ejemplos de cómo el sector obtentor contribuye a dar respuesta a la demanda de los consumidores en el sector de la panadería», explica Villarroel.