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Innovación

El trigo sin gluten desarrollado en Andalucía, pendiente de las decisiones de la UE

Los investigadores cordobeses del Instituto de Agricultura Sostenible han logrado eliminar las gliadinas, que provocan la intolerancia al gluten en este cereal

09/01/2024 Actualizado a las 12:53

Francisco Barro lidera el grupo de genómica funcional el Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba, que forma parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Tras más de una década de trabajo, han conseguido desarrollar un hito que, sin embargo, aún no tiene reflejo en el mercado europeo por las trabas legislativas.

En concreto, el investigador lleva años analizado cereales con bajo contenido en proteínas inmunogénicas, responsables de la enfermedad celiaca. De esta forma, llegaron a la conclusión de que las gliadinas, responsables de la fermentación del pan, eran la clave. «Estas proteínas tienen hasta 120 genes diferentes, por lo que localizarlos ha sido un trabajo técnicamente muy complejo», detalla Barro. Al eliminar las gliadinas del trigo, este se vuelve apto para los celiacos y para los afectados por los distintos grados de intolerancia al gluten.

Sin embargo, el logro de este equipo de investigadores dio como resultado una planta transgénica, no apta para el cultivo en territorio comunitario, según la normativa de la UE «Tras eso, intentamos superar las trabas legales que había en Europa, por lo que pasamos de la transgénesis a la edición genética, usando la técnica Crispr, que permite no incorporar ningún transgen en el ADN del trigo», detalla Barro.

No obstante, el Tribunal de Justicia de la UE dictaminó en 2018 que todas las técnicas de edición genética serían consideradas transgénesis. Por tanto, el cultivo del trigo sin gliadinas sigue prohibido en territorio europeo.
Ahora, los investigadores cordobeses están pendientes de la normativa que baraja la Comisión Europea, que aún es un borrador y que facilitaría el uso de nuevas técnicas de edición genética en plantas.

Formas de edición genética nuevas

Además, ya no se trata de métodos transgénicos como los de antes. La forma de edición más popular es el antes nombrado Crispr, que cortan, insertan o sustituyen el ADN de tal forma que es el propio organismo el que lo ‘repara’ y modifica la parte correspondiente.

Con este método, explica Francisco Barro, «no es necesario introducir un transgen en la cadena de ADN, sino que marcamos los fragmentos de material genético que queremos eliminar y después la proteína Crispr va recorriendo la cadena introduciendo mutaciones en los genes marcados, de tal forma que en la siguiente generación de la planta ya no están presentes».

Campo de trigo duro / Agrónoma

Postura española

Es, a grandes rasgos, lo que se lleva haciendo de siempre en la naturaleza, según insisten los científicos. A pesar de que son muchos los países en contra de que se abra la posibilidad de la modificación genética de las plantas, España no es uno de ellos, al contrario: ha aprovechado la presidencia del Consejo de la UE para poner este tema sobre la mesa. «Las tecnologías de mejora genética en la agricultura permiten incrementar los rendimientos y la calidad de las producciones, así como lograr variedades más resistentes a la falta de agua», aseguraba el ministro de Agricultura, Luis Planas.

Sin embargo, en el centro de investigación cordobés estas no son, aún, buenas noticias. «Hasta que no se concreten los términos de la normativa, no podemos dar por sentando que entraremos dentro de lo permitido», reconoce Barro. En el borrador que se conoce actualmente, se especifica que se permiten hasta 20 ediciones como máximo en una planta. «Esto nos dejaría fuera, porque hay tantos genes de gliadinas que se han tenido que hacer muchas ediciones hasta lograr un trigo sin gluten, detalla.

Salida comercial

Mientras se toma una decisión en Europa, el proyecto del trigo español apto para celiacos busca una salida comercial, aunque tenga que ser fuera de la UE. Y es que este tipo de modificaciones sí se hacen en Estados Unidos o Japón, donde es más flexible la regulación sobre productos transgénicos y se han puesto en marcha con éxito iniciativas de este tipo, aunque ninguna con el trigo como objetivo.

«Si al final se logra comercializar en territorio extranjero un trigo sin gliadinas, sería una triste realidad», censura el investigador cordobés. «Esto significaría que un desarrollo científico pionero, y 100% español, verá la luz primero en Estados Unidos o Japón y que, seguramente, se importará después a España, porque en Europa las restricciones implican al cultivo, no a la comercialización», avanza Barro.

Esto supondría, a su vez, que el producto se encarecería mucho, haciéndolo menos accesible para las personas con celiaquia, el colectivo más favorecido por la posibilidad de que se cultive un trigo sin gluten:la alimentación apta para celiacos es, actualmente, escasa y cara.

En concreto, según datos de la Federación de Asociaciones de Celiacos de España, con datos de 2022, una familia con algún miembro celiaco debe invertir 538,98 euros más al año en la cesta de la compra si se compara con un núcleo familiar sin esta patología. Aunque esta cifra es más reducida que la de 2022, cuando se superaban los 800 euros de diferencia, desde la Federación destacan que el coste de los productos sin gluten, en un contexto de muy alta inflación generalizada, se ha incrementado en 169,42 € entre 2022 y 2023.