El relevo generacional condiciona el futuro de las pasas de Málaga
Pese a la denominación de origen y la protección de la FAO, su producción supone cada vez menos para los bolsillos de los agricultores
Aunque se exporta a países europeos y a Japón, España es su principal mercado. Con una producción que apenas supera las 300 toneladas al año, la pasa de Málaga es, junto a los subtropicales, el principal icono de la agricultura de la comarca de la Axarquía. Un producto reconocido recientemente como «súper alimento» mediterráneo y cuyo futuro está condicionado por la falta de relevo generacional. Los escasos beneficios que genera su cultivo unido a una formación cada vez más cualificada de las nuevas generaciones hace que las pequeñas explotaciones familiares que sustentan el sector vean incierta su supervivencia.
Desde 2018 es el primer Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) reconocido en Europa. Una distinción concedida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que la semana pasada envió a la zona una delegación para evaluar la situación y conocer los principales problemas de la mano de productores y autoridades locales.
Este fruto seco -con innumerables beneficios para la salud- es el resultado de un proceso totalmente artesanal que se ha mantenido inalterable desde hace siglos. El secado al sol de la variedad Moscatel de Alejandría hace de la pasa malagueña un producto único, dotado de dulzura y calidad gracias a las bondades del clima de la zona, con veranos largos e inviernos suaves.
La mitad de la producción
En torno a 2.000 familias de la Axarquía viven de este producto con denominación de origen y su cultivo ocupa alrededor de 1.600 hectáreas. Gran parte de la producción llega hasta la Unión Pasera de la Axarquía (Ucopaxa) donde están agrupadas varias cooperativas de la comarca y se envasa y comercializa la producción de unos 700 agricultores. Su gerente, Salvador Muñoz, ha explicado a Agrónoma que este año estiman que el factor meteorológico haya provocado una disminución del casi el 50 por ciento de la producción de uva pasa con respecto a 2018. Un año en el que el cómputo de la cosecha de uva para pasa y para vino generó cerca de 1,4 millones de euros en ingresos.
Ligado al sector desde que nació, Muñoz insiste en que la falta de relevo generacional se debe a que es un trabajo muy laborioso que, sin embargo, da poca rentabilidad. Una labor milenaria en la que los únicos elementos que intervienen son unas tijeras y las manos del agricultor. «Nuestro problema es el de otros muchos productos agrícolas de este país, la España vaciada», asegura, «a medida que los agricultores mayores se van jubilando, los herederos, la gente joven que viene detrás, no quiere seguir con las explotaciones». Según señala, desde el sector creen que, de aquí a quince o veinte años, la producción sufrirá una caída importante.
La misma preocupación muestra Salvador Marín, encargado de la recepción y la venta de pasas en Frudesh, donde trabajan con 60 agricultores locales. Instalada en la localidad de Colmenar, esta empresa comercializa no solo las pasas con denominación de origen «Pasas de Málaga», también higos, limones, piñas y todo tipo de frutas y verduras deshidratadas. Marín explica que en campañas normales, sin imprevistos, la producción ronda los 25.000 kilos, aunque coincide con el gerente de Ucopaxa en que la producción de la campaña actual está siendo menor, con un descenso de aproximadamente un 40 por ciento respecto al año pasado.
Sustento de la zona
Confía en que la declaración como Sipam de la FAO repercuta en algún tipo de ayuda para fomentar el relevo generacional y que el sector no se vea abocado a desaparecer, porque -como asegura- más que un cultivo, esta en juego «una forma de vida». A día de hoy, la pasa es el sustento un porcentaje importante de la población de los 31 municipios que componen la comarca de Axarquía, repleta de pequeñas explotaciones familiares y donde las características del terreno, con pendientes pronunciadas, hacen imposible la entrada de maquinaria u optar por otras alternativas de cultivo.
De hecho, la protección de la FAO responde precisamente a la contribución del cultivo de la pasa en el mantenimiento del paisaje y la idiosincrasia de la región, consolidándose como un pilar fundamental de la economía agrícola y la personalidad de la Axarquía, un rincón del sur en el que las viñas ocupan el paisaje desde época nazarí.