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Sanidad vegetal

Situación del viñedo: ¿cómo está afectando la polilla del racimo al cultivo?

Según afirman desde la Junta de Andalucía, «los índices de vuelo de la primera generación han sido bajos en general»

03/06/2020 Actualizado a las 13:46

La Red de Alerta e Información Fitosanitaria de la Junta de Andalucía (RAIF) ha analizado la situación de la vid en la comunidad andaluza y la incidencia de la polilla del racimo en sus diferentes generaciones sobre el cultivo.

Según afirma la Red de Alerta, «los índices de vuelo de la primera generación han sido bajos en general, produciéndose el máximo de vuelo el fin de semana pasado”.

Sin embargo, actualmente, «se están observando las primeras puestas de la segunda generación de la plaga, previéndose un máximo de puestas para finales de la semana que viene, coincidiendo con la aparición de las primeras larvas L1», explica.

Al respecto, la RAIF ha señalado que, «con las actuales condiciones meteorológicas, la eclosión de los huevos suele ocurrir entre los 7 y 8 días después de su ovoposición. Si bien, puntualmente, puede que en alguna zona concreta todo esto se haya adelantado algunos días, constatándose en estos días las presencia de las primeras larvas sobre los racimos».

Por todo ello, aconseja consultar con los respectivos técnicos de confianza para poder conocer la evolución de esta plaga y poder actuar a tiempo contra ello.

Condiciones óptimas para su desarrollo

Como explica la RAIF, la polilla del racimo (Lobesia botrana) se desarrolla de forma «óptima» con temperaturas superiores a 20ºC y cuando la humedad relativa está comprendida entre el 40 y 70%.

Además, la temperatura y humedad son también factores que influyen en el desarrollo del huevo, limitándose su supervivencia cuando las temperaturas oscilan entre 12ºC y 14ºC, o superiores a los 30ºC.

Sin embargo, la influencia de estos factores es «mayor» en los huevos que en las larvas, adultos o crisálidas, ya que los huevos permanecen inmóviles y los otros estados se mueven o se cobijan en la hojarasca o debajo de la corteza.

Incidencia de las diferentes generaciones

Por su parte, la Junta asegura que «las larvas de la primera generación destruyen los botones florales, flores e incluso frutos recién cuajados. Estas larvas unen las flores formando glomérulos o nidos donde se esconden, construyendo cada larva dos o tres nidos. Esta generación no produce pérdidas apreciables tanto en la calidad como en la cantidad de la cosecha de la viña».

Por otro lado, afirma que las larvas de la segunda y tercera generación ocasionan una cierta pérdida de cosecha, ya que se alimentan de las bayas.

Asimismo, «son más importantes los daños indirectos que los directos, puesto que en los mordiscos que efectúan a los frutos se instalan los hongos que producen podredumbres», explica la RAIF.

Finalmente, señala que existe una «estrecha» correlación entre los ataques de polilla y la presencia de podredumbres, pues las heridas producidas por las polillas son vías de entrada por la que penetran las esporas de los hongos causantes de las podredumbres, «de ahí la importancia del control de la polilla».