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Ganadería

El fuego de Huelva deja sin pastos ni hábitat a miles de cabezas de ganado: «Tardaremos varias generaciones en recuperarnos»

El incendio, que ha afectado a cientos de fincas productivas de dehesa, obligará a los ganaderos a comprar forraje y pienso

15/06/2026 a las 06:30

El incendio que arrasó la semana pasada con parte de la provincia de Huelva (la zona comprendida entre Villanueva de los Castillejos, San Bartolomé de la Torre y Gibraleón, en la comarca del Andévalo) ha sido un auténtico «mazazo» para el sector ganadero de la provincia. Las estimaciones oficiales iniciales ya sitúan la superficie incendiada por encima de las 5.000 hectáreas, un golpe severo para el tejido agroindustrial de la comarca, por lo que desde Asaja Huelva ya han reclamado que se considere el área como Zona Afectada Gravemente por una Emergencia de Protección Civil, un paso imprescindible para iniciar la recuperación.

«No se trata de fincas de recreo, sino de explotaciones netamente productivas, que constituyen el sustento económico de la zona, de ahí la inmediatez de ponerse en marcha», recuerda Félix Sanz, secretario general de Asaja Huelva. El presidente de la organización, José Luis García-Palacios, también calificaba la situación de «devastadora».

Aunque aún es pronto para tener un balance de los daños, con las pérdidas aún cuantificándose y explotaciones en las que ni siquiera han podido entrar durante el fin de semana, lo cierto es que, desde la patronal, dan por hecho que las fincas de ganado ovino y vacuno, de carácter extensivo, son las más afectadas por el incendio, lo que lleva a una «urgencia» fundamental: hay que alimentar el ganado durante los próximos meses.

Y es que, al haber ocurrido el incendio a principios de junio, se ha destruido de golpe toda la planificación y la ‘despensa’ de pastos que los ganaderos de la zona tenían reservada para el sustento de sus cabañas de cara a los meses de verano. Por delante, como señala Sanz, quedan cuatro meses «críticos» en los que habrá que atender y alimentar a los animales mediante la compra externa de forrajes y pienso, lo que disparará los costes operativos de unas explotaciones ya de por sí al límite de la rentabilidad.

Por todo ello, desde la organización agraria insisten en la necesidad de que la ayuda institucional se canalice, en una primera fase, a facilitar esa alimentación de emergencia a las centenares (según las primeras estimaciones) cabezas de ganado afectadas.
Además, reclaman que las ayudas también estén dirigidas a la atención veterinaria y recuperación de accesos, cerramientos y puntos de agua. «De lo contrario, no podremos alcanzar la normalidad productiva y muchos ganaderos, ya al borde de la ruina, terminarían por abandonar la actividad», asegura.

Agustín González, presidente de la cooperativa Ovipor, también llamaba a la urgencia, pues «los animales se han quedado sin nada para comer en el campo», y lamentaba que el incendio será «el primero de muchos» si sigue en caída libre la ganadería extensiva en la provincia.

«En la última década, España ha perdido la alarmante cifra de diez millones de ovejas, lo que se traduce de forma directa en 10.000 toneladas de materia seca que se dejan de consumir diariamente en los campos y que son pólvora para esta clase de fuegos», asegura.
«Mientras continúe el goteo incesante de cierre de explotaciones, como ya estamos viendo en los últimos años, y disminuya el censo de rumiantes encargados de limpiar el terreno de manera natural, veremos más fuegos devastadores», auguraba.

Plan de recuperación

Más allá de la urgencia de alimentar a los animales afectados, desde el sector agrario insisten en la necesidad de llevar a cabo un plan de recuperación «sensato y potente» sobre la zona.

La pérdida de masas forestales autóctonas como encinales, alcornocales y zonas de matorral noble no es un problema reversible a corto plazo, por lo que el incendio dejará una huella que, como mínimo, sobrevivirá a «una generación», como afirmaba José Luis García-Palacios. Y es que la regeneración de estos espacios productivos no es cuestión de dos ni de tres años, sino que requiere de décadas de inversión y manejo forestal.

Desde Asaja hicieron referencia, también, al incendio que asoló Doñana en 2017, tras el que se invirtieron «miles de millones» para recuperar una zona que ni siquiera era productiva, al contrario de lo que sucede con la de ahora.

Por todo ello, la organización rechaza «de manera contundente» las declaraciones que, días atrás, calificaron «de escaso valor ecológico» las hectáreas afectadas por el incendio. «Es una falta de respeto, ya que se trata del trabajo de varias generaciones», afirmaban.
Los matorrales, los pastos y el arbolado no solo son un factor fundamental para la biodiversidad de la zona, sino que son esenciales para la ganadería extensiva, motor económico de la zona, mimbre para que pueda llevarse a cabo la montanera del ibérico con total normalidad, y por último, hábitat de fauna salvaje como conejos, perdices o jabalíes.