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Investigación

Las moscas chupasangre que molestan al ganado pueden controlarse a través de una bacteria

Estos insectos producen alteraciones y lesiones en la piel, estrés,ucción del apetito, pérdida de sangre y alteraciones en el sistema inmunosupresor

07/02/2024 Actualizado a las 10:56

Un estudio, en el que ha participado el investigador del grupo Gisaz de la Universidad de Córdoba (UCO) Daniel Bravo Barriga, y que ha obtenido el X Premio ‘Carlos de Blas Beorlegui’, otorgado por la Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (Cesfac), ha identificado por primera vez en España una bacteria en las moscas chupadoras de sangre que podría usarse como control biológico.

Según ha informado la UCO en una nota, las moscas chupadoras de sangre o hematófagas de la tribu Stomoxyini son unas moscas muy comunes, y molestas, en el ámbito de la ganadería, ya que pican a los animales para alimentarse de su sangre y, en ese proceso, producen alteraciones y lesiones en la piel, estrés, reducción del apetito, pérdida de sangre y alteraciones en el sistema inmunosupresor, con los consecuentes efectos negativos en la producción.

Además, transmiten patógenos como la anemia infecciosa equina o la anaplasmosis, de forma indirecta por contacto (vectores mecánicos). La búsqueda de nuevos métodos para controlar estas poblaciones de moscas ha interesado a la comunidad investigadora y ganadera, debido al creciente desarrollo de resistencia a los insecticidas.

La Wolbachia es un género de bacterias intracelulares que infectan principalmente a especies de insectos y ha llamado la atención por sus posibles efectos biológicos en sus hospedadores, como la reproducción, la incompatibilidad citoplasmática, la feminización, la muerte de machos y la influencia en la transmisión de patógenos.

Daniel Bravo (izda.) y Carlos Barceló Seguí (dcha.) recogiendo el premio ‘Carlos de Blas Beorlegui’. / UCO

Análisis moleculares

Así, el equipo investigador ha encontrado en seis entornos agropecuarios de Mallorca dos especies, Stomoxy calcitrans y Haematobia irritans (la primera más numerosa que la segunda), y aunque los análisis moleculares no han encontrado la existencia de patógenos en las moscas, sí han detectado la presencia de Wolbachia en Haematobia irritans.

Como la bacteria ya se emplea para controlar poblaciones de mosquito, los investigadores esperan que este hallazgo impulse la necesidad de investigaciones adicionales para comprender cómo la Wolbachia interactúa con las moscas Haematobia irritans, y cómo estas interacciones podrían ser aprovechadas para el control de plagas de manera efectiva y sostenible. Además de estudiar la presencia de las moscas en Mallorca, el equipo ha actualizado la información de su distribución a nivel nacional.

Se ha unificado el conocimiento

Según ha explicado Daniel Bravo, «había poco conocimiento y disperso en diferentes plataformas. No había un único documento que recopilara toda la información relevante. Para abordar esta falta de información, recopilamos datos propios obtenidos en Mallorca, así como información bibliográfica y datos de otras fuentes, incluidas plataformas de ciencia ciudadana, para integrar todos estos datos en un mapa unificado que proporcionara una visión general de la distribución de esta especie en España».

Este enfoque holístico y colaborativo ha permitido a los investigadores obtener una comprensión más completa y detallada de la presencia de ambas especies en el país, lo que puede ser fundamental para futuras investigaciones, conservación y control de plagas.

La investigación, titulada ‘Estudio de la distribución y papel vectorial de las moscas hematófagas de la tribu Stomoxyini (Díptera: Muscidae) en explotaciones ganaderas en Mallorca (Islas Baleares, España)’, ha obtenido el mencionado X Premio ‘Carlos de Blas Beorlegui’, otorgado por la Cesfac durante un acto celebrado en la sede de la Academia de Ciencias Veterinarias.