José Miguel Salinas puso ayer punto final a dos años de presidente en el Córdoba CF. Salinas dejó tres conclusiones en los 50 minutos que duró la rueda de prensa de despedida. Primera, su oposición a la venta a Carlos González o, al menos, que hubiera preferido otra opción. Segunda, que estima que deja el club en mejor situación que cuando accedió al cargo. Tercera, que su proyecto quedó fulminado el 21 de mayo con la intervención de Cajasur.
Son los grandes titulares del fin de la etapa de Salinas hijo al frente de la entidad blanquiverde. Una entidad que su padre llevó a Primera División por primera vez en los años sesenta y que lleva 40 años soñando con recuperar la máxima categoría. El presidente, durante la despedida, admitía que en el fútbol depositamos «nuestros sueños, pasiones y frustraciones; y somos más exigentes que en la vida real».
Y en esa vida real se escenificó el divorcio, distanciamiento o separación con la que acaba el mandato respecto a Antonio Prieto. El vicepresidente, «por motivos profesionales» —quiso justificar Salinas—, fue el único consejero ausente en la despedida del Consejo. Junto a Salinas, estuvieron Fernando Peña, Ernesto Hita, Trinidad García, Francisco Herrera y Rafael Barroso. También Carlos Hita, secretario general, y José Manuel Coca, director comercial.
El presidente dejó el primer titular durante el balance de su etapa. A su juicio, el Córdoba «está en mejor situación que cuando nosotros llegamos al club». El presidente lo argumenta en que ahora la entidad «está en disposición de avanzar». Y también porque «con menos recursos hemos dibujado un escenario que no se había dado en el Córdoba», como ha sido que «salvo en los meses de mayo de las dos temporadas, se ha hablado muy poco del descenso», sino más bien «del conformismo y la ambición de estar más arriba».
Incluso, incidió en que el objetivo tenía que haber sido pelear por el «play off» de ascenso, ya que reiteró que este año había «mejor plantilla y que nuestro objetivo tenía que ser quedar mejor que el año pasado». De hecho, mandó un recado a los jugadores. Algunos, en la reunión que mantuvieron hace un mes con el presidente, le recriminaron la presión añadida por haberles marcado esa meta.
El presidente les contestó ayer públicamente: «La capacidad para aguantar la presión también mide la calidad de los profesionales». Y fue más allá, ya que aseguró que el Betis y el Rayo «son los dos equipos que han tenido más problemas económicos este año y los dos han subido a Primera».
Pero, Salinas estuvo más activo en el turno de preguntas. El presidente dejó patente implícitamente su rechazo a la venta a Carlos González o, al menos, su preferencia por otros posibles compradores en las tres respuestas que dio sobre el nuevo dueño. Oponerse a contestar fue tanto como evidenciar que no estaba de acuerdo con la elección de Romero.
«No soy quien para evaluar la venta, eso hay que preguntárselo al dueño». Primero, no quería «opinar» de Carlos González. Y tampoco le podía «avalar, porque lo conocí el viernes». Luego, apuntó que «Romero habrá actuado de la mejor forma para los intereses de Prasa y los del club», pero «no soy el responsable si no soy ni el comprador ni el vendedor». Para rebajar la tensión del momento deslizó que González ha garantizado «la solvencia económica».
A la venta se llegó tras el desplome del auténtico proyecto Salinas, que era buscar la autosuficiencia económica del Córdoba sin aportaciones de José Romero. Ese ideal «saltó por los aires el 21 de mayo (de 2010)», admitió el presidente, cuando se produjo la intervención de Cajasur. «Ese día se acabó un acuerdo tripartito entre Prasa, Unicaja y Cajasur para aportar los tres millones que necesitábamos» para salir adelante solos. A partir de ahí, el proyecto Salinas se derrumbó y «entramos en clave de venta», que se concretó el viernes.
Salinas admitió ayer que ese caprichoso 21 de mayo de 2010 ha sido «lo peor» de su etapa al frente del club. Curiosamente, el mejor momento lo situó «cuando ganamos el año pasado al Levante en casa, ya que habíamos encadenado una serie de muy buenos resultados en El Arcángel». No sacó pechó por la Copa del Rey, en la que su equipo accedió hasta octavos de final tras eliminar al Racing de Santander y tener al Deportivo de la Coruña contra las cuerdas, ni siquiera por la mejor clasificación en los últimos 35 años del club (décimo en Segunda la pasada temporada).



