El Mediterráneo, con sus tranquilas y cálidas aguas, es el mejor reclamo para el turismo de la Comunidad. Sus «habitantes», que también sirven de fuente de ingresos para las numerosas flotas pesqueras de la región, parecen compartir con el mar interior su carácter apacible. Y sin embargo no son pocos los que representan un serio peligro para los bañistas o los navegantes descuidados.
Parece difícil imaginarse escapando de un tiburón blanco —como el celebérrimo protagonista de la saga cinematográfica creada por Steven Spielberg—, pero no se trata de algo ni mucho menos descabellado. De hecho, según explica el biólogo Juan Francisco Iraola, «uno de los tiburones más grandes de la historia fue capturado en Italia». Es decir, en el Mediterráneo. Es poco probable, en cualquier caso, que un bañista observe la aleta dorsal del temido depredador cerca de la playa. Pero su presencia es habitual «a unos cien o doscientos metros del litoral».
El tiburón blanco no es el único de su familia que nada cerca de la playa de Levante de Benidorm. Iraola, responsable del acuario del parque Terra Natura, explica que también se pueden encontrar marrajos y tintoreras. Tampoco suelen acercarse a la costa «a no ser que sufran un error de orientación». Y, con todo, hay documentados ataques de tiburones a bañistas en las playas valencianas. «La tintorera es pequeña, de unos veinte o treinta kilos, y muy buena nadadora». El marrajo, por su parte, es «muy similar al tiburón blanco».
Depredadores enterrados
Menos temibles que los tiburones, aunque también peligrosos para los bañistas, son especies como el «Trachinus Draco», conocido como el pez araña. Aunque puede llegar a medir veinte metros, los que se acercan a la costa son mucho más pequeños. «Siempre están cerca de las playas, se entierran en la arena para cazar y sólo sacan los ojos», explica Iraola. El biólogo advierte de que «son muy venenosos», así que un contacto fortuito con el pez araña puede
«terminar en el hospital». De hecho, los pescadores «le tienen pánico».
Un peligro similar al del pez araña lo representan las escorpas, aunque en este caso «se ocultan entre las rocas», por lo que resulta más complicado que se produzca un encuentro fortuito. «Encontrarse con uno es como pisar un erizo». Con todo, uno de los peces más peligrosos que habitan el Mediterráneo es el golfar.
Un pez del que poco se sabía hasta julio de 2006, cuando uno de su especie casi arranca la mano a una pequeña de siete años en la playa de San Juan de la capital alicantina. «Normalmente no atacan a los humanos, pero cazan cerca de la costa». En un agua turbia, pueden confundir el movimiento de un bañista con una presa: «Si te muerden, te pueden arrancar la mano». De hecho, «los pescadores de golfares (o «Pomatomus Saltatrix») usan hilo de alambre».
Medusas
Tampoco hay que desdeñar el riesgo de topar con una medusa. La «Pelagia Noctiluca», de color rosa lila y diez centímetros de diámetro, tiene «unos tentáculos muy finos de un metro de largo, muy urticantes». Y llegan todos los veranos. «Al haber menos atunes, se multiplican», dice Iraola. También se acercan a las costas las medusas «Chrysaora». El roce con una de ellas puede terminar, en el peor de los casos, en un «shock».





