La mezquita de Suleimaniya, la basílica-museo de Santa Sofía, las murallas de la ciudad vieja… Casi en cada esquina de la milenaria Estambul hay una maravilla arqueológica o arquitectónica, y la ciudad goza de un elevado número de rincones que han sido catalogados como Patrimonio de la Humanidad. Pero este estatus peligra por la negligencia de las autoridades, según informa el diario «Hurriyet».
Al parecer, existe un informe negativo de la Uesco que será evaluado en la próxima reunión de la organización, que tendrá lugar en Brasil a finales del mes e julio. De tomarse en consideración dicho informe, estos lugares emblemáticos de la antigua Constantinopla bajo protección especial perderían dicha calificación.
«Los funcionarios de la Unesco quedaron totalmente impactados cuando vieron que tantos edificios protegidos estaban dañados o irrecuperables. Ya habían hecho una advertencia sobre quitar a Estambul de la lista, pero las autoridades turcas pidieron tiempo para arreglalo. Y las cosas no han cambiado, incluso han ido a peor», explica el arquitecto Korhan Gümüs, director de prácticas urbanas de la agencia Estambul 2010-Capital Europea de la Cultura.
Incluida en 1985
Estambul fue incluida en la lista de ciudades Patrimonio de la Humanidad en el año 1985. Esta mención es relativamente accesible, e incluye una ayuda para la restauración y acondicionamiento de los monumentos. Sin embargo, la inclusión también implica un compromiso de mantenimiento por parte de las autoridades locales que, según el informe, no se está cumpliendo en este caso.
En concreto, la ciudad ha recibido más de 261.000 euros de esta institución para desarrollar un total de catorce proyectos. «Probablemente el informe será aprobado y se eliminará a Estambul de la lista. Sería una vergüenza para nosotros», ha asegurado Cevat Erder, un arquitecto especializado en preservación histórica de la
Universidad Técnica de Oriente Medio.
Está previsto que el número de turistas n Turquía se incremente este año en un 10 por ciento respecto a la temporada anterior. Por ello, la inclusión en la lista supone un arma de doble filo: por un lado, atrae visitantes. Por el otro, esos visitantes contribuyen al deterioro de los monumentos. Puestos a elegir entre la conservación o la explotación económica, las autoridades turcas han optado por esto último, parece creer la Unesco.






