En Gran Bretaña hay dos categorías de aristócratas de la democracia. Por un lado están los que reciben la Orden del Imperio británico, que contiene cinco categorías, entre ellas la más conocida a nivel mundial, la de Sir y Dame.
Se puede tener un pasado de sexo drogas y rock and roll como el Rolling Stone Mike Jagger y el ex beatle Paul Mc Cartney, ser un independentista escocés como el 007 Sean Connery, entrenador de fútbol como Alex Ferguson, haber mostrado generosamente sus cuerpos como las grandes actrices Hellen Mirren y Judith Dench y ser acreedores del título de Sir o Dame por los «servicios prestados en el campo del arte, la ciencia, la medicina o el gobierno».
Si no se llega a estas alturas, aún se pueden obtener condecoraciones con títulos imperiales rimbombantes como Comandante de la Orden del Imperio Británico (más conocido por sus siglas de CBE). En teoría cualquier persona puede nominar a otra para este tipo de reconocimiento de la corona y será un comité independiente el que decida los méritos de cada caso. En la práctica el funcionario de más alto rango de cada ministerio tiene la sartén por el mango a la hora de confeccionar la lista definitiva.
Hay un segundo tipo de aristócratas de la democracia: los «life peer». Estos lores nombrados por el primer ministro con control parlamentario se diferencian de los «herreditary peers» que heredan su título, y se otorgan generalmente a empresarios, financistas o políticos. En 2006 la denuncia de que importantes donantes del Partido Laborista habían obtenido el título de Lord gracias a su financiamiento de la campaña electoral del año previo llevó a una investigación policial que hizo temblar al entonces gobierno laborista. La policía arrestó y dejó en libertad a cuatro personas, interrogó a otras 133, entre ellas al entonces primer ministro, Tony Blair. Mucho ruido y pocas nueces: la investigación terminó en la nada.
Pero el desprestigio permitió la aparición de páginas de internet como, «Elite titles», que ofrece a la venta títulos nobiliarios. No es novedad. Cuando George Lloyd era primer ministro a principios del siglo XX, un título de sir costaba 10 mil libras, una verdadera fortuna en la época y el de Barón 30 mil. Inmutable George Lloyd dijo que era la mejor manera de financiar a un partido político.







