El traje de flamenca tiene tan buena genética que no necesita pasar por el quirófano. Ni tan siquiera echarse una ración de botox. Cuando se la ha echado encima —modelos inspirados en el Caribe o en el lejano Oeste—, se ha crucificado. Todos los años, por las calles del Real, se confirma su privilegiada naturaleza. Cuatro de los numerosos diseñadores de moda flamenca que pueblan Andalucía constatan su vitalidad en el especial de la Feria de ABC de Sevilla.
¿Que qué se lleva este año? Pues de entrada, el traje de flamenca fetén, el de siempre pero renovado, con flores grandes o pequeñas, el talle bajo, flecos, colores desde intensos a empolvados; mangas largas o al codo, complementos excesivos —desmesurados aros, camafeos, piezas de orfebrería…—, y lunares. Lunares para parar un tren y fomentar la voluptuosidad de un vestido largo, pero sensual, por donde se asoma sin tapujos la primavera. Así se vio en el Salón Internacional de Moda Flamenca, SIMOF, y así se comprueba en estas páginas.
«El traje de flamenca de Pol Núñez está inspirado en diseños antiguos, pero actualizados, tanto en tejidos como en patrones. Utilizamos el tul, la seda, el croché, el punto, los estampados de lunares y las flores exclusivas, que imprimen a nuestros modelos esa nota diferente que quiere el público», aseguran María del Mar y Delia Núñez Pol, creadoras de la firma. Dicen que sus trajes son atemporales porque nada más que innovan en los pequeños detalles, no en la sustancia. «El traje de flamenca sólo necesita naturalidad y alegría para saberlo llevar. No se estanca, evoluciona cada año, tanto en formas como en tejidos y complementos. Fluye solo y hay un traje para cada mujer y una mujer para cada traje. ¿Su secreto? Que embellece por dentro y por fuera. En cuerpo y alma».
Ganar la partida al tiempo
Quejío es el nombre con el que Margarita Freire ha bautizado su colección de este año, en la que sigue manteniendo el vuelo en sus trajes y la alternancia de talles, además de su evidente apuesta por la manga larga, a la que califica de elegante. «Como novedad he introducido nuevas formas geométricas en los volantes, pero sigo firme en mi idea de crear trajes sensuales y muy femeninos. Los tejidos van desde el algodón al chantilly, pasando por el dupión bordado, la seda y el shantung. La paleta de color es muy extensa, aunque destacan el tono pastel, el azul marino y el burdeos, sin olvidarnos de los clásicos rojo, verde, blanco y el negro, mi color fetiche».
«Nuestras colecciones son siempre luminosas y muy alegres y este año más que nunca. Hemos intentado que nuestros trajes bailen solos al caminar y lo hemos conseguido utilizando volantes cortos de capa, con ribetes de cordón al filo», dice Fabiola García- Liñán, una cordobesa afincada en Sevilla, con mucha veteranía en estas lides. Los colores de su factoría para el Real son el verde, el violeta, el cardenal, el azulina y el rojo. Y lunares, muchos lunares o lisos, en detrimento de los estampados. En los tejidos, el semihilo, la batista, el piqué y el clásico popelín. «Procuro realizar trajes de factura impecable, no muy recargados, porque así luce mejor la belleza de nuestras mujeres. Me gusta distinguirlos entre el sinfín de los que andan por la Feria. Nuestros vestidos de flamenca le ganan la partida al tiempo, porque siempre parecen actuales. Es apasionante hacer trajes tan allegados a nuestras raíces y a la vez tan alejados de la monotonía».
La eterna juventud
«Como siempre, mi colección de Callejuela de esta Feria sigue bebiendo de la tradición, que es fuente inagotable de inspiraciones, ya que el traje de flamenca, desde sus comienzos ha sido un emblema con tanto significado como encanto», dice Margarita González Fernández, diseñadora también de la firma de ropa de calle Baelo Claudia. «Los materiales utilizados son casi invariables en mi caso: Algodones mercerizados, viscosas, piqués, mezclas de algodones y sedas naturales, algún raso, lienzos estampados y encajes de bolillo; guipures y festones de tiras bordadas. Sin que falten los mantoncillos de seda con flecos de cuquillo pintados a mano o bordados».
En esta edición, Margarita González quiere rendir un especial homenaje al público. «Sí, a esa mujer que no se cansa de vestirse de flamenca, y que sigue alimentando la tradición de ataviarse con esta prenda tan peculiar. Así, un año tras otro, espera unas innovaciones que, en realidad, no son tales; ahí está el arte del creador: Renovar sin perder la esencia. Ahí está la gracia de la gente: Estrenar sin perder el recuerdo». A eso lo he bautizado como «llamar cada año al duende». Además, esta diseñadora y estudiosa de la moda, da en la diana con la clave del traje regional más universal y más imitado por los grandes de la aguja. «¿Que cuál es el secreto de sus hechuras? Pues, desde mi punto de vista, el traje de flamenca posee el secreto más perseguido y mejor guardado por las grandes estrellas: La eterna juventud».