Ya sabemos una cosa clara: el candidato José Antonio Nieto no le pediría nunca un autógrafo a José Mourinho, por cierto el agitador de cabecera de Esperanza Aguirre. Y eso se vio desde que entró por la puerta del hotel Alfaros. Porque este joven aspirante se desenvuelve con un claro estilo Guardiola y nos vende su confianza en la victoria con sencillez y sin aspavientos. Ya veremos, no obstante, si no acaba acusando al árbitro y echando balones fuera (como Mou) en el caso de que gane por la mínima.
Nieto se mojó ayer nítidamente con Pep, pero no con la política de privatizaciones de empresas municipales. En eso, como en el asunto del Centro de Congresos, jugó con el sentido del cálculo de Mou. Puede que sí, puede que no, todo depende del según, lo más seguro es que quién sabe. Como tampoco se retrató cuando se le preguntó por una de las cuestiones planetarias más decisivas del siglo XX: Nieto no es de los Rolling ni de los Beatles sino todo lo contrario. O sea, de centro. Que es como poner una velita a Dios y otra al diablo. Por si acaso.
A quien no le ha puesto una velita es a Rosa Colmenarejo, cabeza electoral de Ecolo, que es la musa declarada que Durán y Ocaña quisieran para su lista. A Nieto le pone más el socialista Paco García (políticamente, claro), curiosamente un hombre de inequívoco aroma Guardiola. Prudente, educado y poco amigo del juego bronco.
Luego se sacó un as de la manga y, quizás en competición con Andrés Ocaña, que citó a Calderón, el candidato Nieto evocó nada menos que a Pericles como el más antiguo abanderado de la regeneración política. Quien, por lo visto, vino a decir hace ya mucho tiempo una verdad como una catedral (mezquita): que la sociedad necesita culpables y, ante la ausencia de dioses, se apunta con el dedo a los políticos.
Con dioses o sin ellos, el señor Nieto anunció que no tiene intención de montar una escuela municipal de costaleros, uno de los proyectos estrella del aspirante Juan Pablo Durán. Lo cual, como ustedes comprenderán, acabó por desconcertarnos. A nosotros y, probablemente también, a don Pablo Iglesias. Todo dicho sin acritud. En plan Guardiola, vamos.



