Fue él quien nombró a Pericles, no los demás. No es normal escuchar a un político mentando a un clásico, ni siquiera de su ramo, pero Nieto lo hizo. Y no tanto para defender a la clase política como para avisar sobre la antigua costumbre de cuestionarla. Cierto es que este candidato tiene más nivel académico que sus competidores, y no es baladí recordar este extremo hoy en una ciudad universitaria a punto de ser capital de la cultura, porque ni la edad ni la calle ni la doctrina suplen lo que el estudio da. Ya que los empleados de la administración cordobesa, en su inmensa mayoría, sea cual sea su rango, tienen titulación superior, no desmerecería que los que pretenden dirigirlos también la tuvieran.
Admitió, no obstante, que urge una regeneración política, que hace falta un gran pacto nacional sobre la misma y que esta debe empezar necesariamente por las interioridades de los partidos que pueden llevarla a la práctica. Y, como se predica con el ejemplo, anunció que hay en el PP una propuesta para la limitación de mandatos de cargos. Nieto tiene soltura, aplomo y claridad en su exposición. No dijo nada fuera del guión previsible, pero demostró llevarlo bien aprendido y, lo que es más importante, capacidad suficiente para interpretarlo con personalidad propia y según lo requieran las circunstancias.
De Pericles nos cuenta la historia que fue escrupuloso con las cuentas públicas, que atendió a las artes y a las ciencias y que jamás aduló al pueblo. Córdoba, como Atenas, como cualquier ciudad, no necesita de otras cualidades en un político. Si Nieto las cultiva será un buen alcalde. Aunque el pueblo acabe echándolo por no adularlo.



