roventus. Su nombre impone. Proventus, palabra latina, se traduce al español como producto, renta. Proventus. El vino impone. O es imponente. Que no es lo mismo pero como si lo fuera. No encuentro en mi memoria vino tan fino procedente de Ribera del Duero. No recuerdo entre aromas tantos minerales, tanta madera certera. No siento tanta belleza. Es, al fin, un vino como otro cualquiera, pero me llega. Como una canción que se queda. Que alguno incluso la desprecie vale, pero se me queda. Como si fuera «Et maintenant», y Gilbert Becaud dijera: «Y ahora, ¿qué voy a hacer? Sonreír para no llorar más». Y que así fuera. Sonreír, pero porque Proventus está allí afuera. Y dejar de llorar por su vuelta. «Sonreír para no llorar más». ¡Qué tristeza! Proventus supone otro rostro, una muesca perfecta, esa que encaje para que el cielo se instale. Para que sean las estrellas. Para que todos comprueben que Proventus es la más bella. Y ahora… Finura eterna. Un equipaje en mis manos. Una maleta. Toda envuelta en vino, en esa fruta roja que llega y se aposenta.






