Córdoba

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Campamento Adoremus

El Fontanar se convirtió anoche en un templo para adorar a Jesús, aunque antes fue un teatro y más tarde tornó a hostal

Día 15/08/2011
Campamento Adoremus

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En El Fontanar quedaron patentes anoche varias cosas. A saber, que la Iglesia tiene futuro y no es cosa de la Tercera Edad como quieren hacer ver interesadas opiniones que no conocen la Iglesia; que los jóvenes de la Iglesia también saben divertirse, rezando y de mil formas, de una manera bien sana; que no hay espacios sagrados per se ni la arquitectura de la construcción define su uso, sino que es la presencia de Dios y espíritu que santifica hasta el punto de que un estadio sea templo; y que si Cristo llama, acuden, después de dos mil años, por miles y millones.

Las características de la ciudad y del estadio de El Fontanar dejó la cifra con sólo tres ceros, aunque más que suficientes para hacer del recinto un mapa del mundo a escala con representación de más de treinta países. Esa fue la razón por la que la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo se representó sobre un gran escenario sin palabras. Sobraban. Fueron más de cien personas de Montilla las que pusieron en escena la vida del Señor, vestidos de hebreos y romanos.

Los gestos y la música hizo entendible a todos lo que se escenificaba en ese gran teatro de césped que era el estadio pasadas las once de la noche. Aunque fue muchas más cosas. Metamorfoseó todo el tiempo. A las 22.30 horas comenzó como sala de conciertos con un público participativo y muy animado, con luces de colores que movían en la oscuridad mientras hacían palmas. En el escenario actuaba Jesús Cabello, cantautor de Puente Genil que interpretó temas propios, algunos de su último disco titulado «Cuánto vale la vida». En sus canciones el cantautor trasmitía mensajes cristianos y abajo del escenario grupos de jóvenes y religiosos dejaron el césped y se acercaron a bailar las canciones, algunas con coreografía. Cabello contribuía a animar aún más el abarrotado estadio, en el que se dieron cita unas dos mil personas a lo largo de la noche. En el estadio había tres barras en las que se sirvieron refrescos a precios populares, como en cualquier fiesta, pues eso era lo de anoche.

El tiempo de la oración en silencio llegó a la una, porque antes también se había orado aunque fuese de otra manera. El Fontanar fue desde ese momento una Catedral llena de Jesús Sacramentado, presente en la custodia que hiciera Enrique de Arfe, desde la que presidía el altar. Hasta ese momento la Custodia estuvo tapada en un lateral del estadio y fue a la una de la madrugada cuando se dejó ver para todo el mundo. Las emociones afloraron y en la multitud supieron quedarse todos a solas con Dios por unos minutos. Lo mejor para el Señor, quiso decir el Obispado cuando pidió que la custodia de Arfe estuviera en El Fontanar, donde ha mostrado a los jóvenes de todo el mundo «cómo en Córdoba se reza y se ama al Señor» con cantos y oraciones pero también con lo mejor de la platería de la ciudad, explicó por la mañana el obispo.

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