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Los sueños viven en la noche

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La adoración al Santísimo y los testimonios en la madrugada de ayer dieron paso a tertulias y descanso

Día 16/08/2011 - 09.01h
Los sueños viven en la noche

El Campamento Adoremus había vivido sus más recogidos momentos con la llegada de Jesús Sacramentado y el comienzo de la adoración al Pan del Cielo, pero la noche fue larga, aunque se hiciera corta. La madrugada de ayer en el estadio de El Fontanar que había comenzado con un animado concierto y teatro sobre la Pasión, Muerte y Resurrección se fue quedando en silencio conforme pasaban las horas.

Fue el momento de los sueños. Los que tuvieron y expresaron los cristianos de Grecia, Corea e Irak que contaron sus experiencias de fe y de vida en países en los que su religión es minoritaria. Calló el estadio para escuchar lo que tenían que decir las personas que no tienen fácil seguir a Cristo participando de la Iglesia Católica y lo hacen. Todo lo contrario de lo que ocurre cada vez más en España y otros países occidentales.

Sus voces, que se traducían en pantallas gigantes en inglés, francés y español, sonaban con fuerza en los altavoces mientras el Santísimo Sacramento seguía expuesto en la custodia de la Catedral.

Jóvenes de Polonia, Argentina y Estados Unidos unieron con sus canciones los testimonios de sus amigos cristianos, porque anoche ya todos eran amigos, aunque no todos se conocieran.

Fue otro sueño, el de la convivencia en paz. Cuando el Señor dejó el altar pasadas las dos de la madrugada bajo palio mientras todos se arrodillaban a su paso para ir a una pequeña capilla en la que muchos siguieron rezando, los peregrinos fueron a dormir o comenzaron las tertulias, aunque en voz baja después de que desde el escenario se pidiera silencio para que quienes quisieran descansar, aunque quedaban poco más de cuatro horas para levantarse para la misa de las ocho. Las de los grupos que se conocían y las de quienes querían conocer a personas de otros países con las que han compartido la fe.

Pedro González, un cordobés de Argentina, indicaba por la mañana que «la noche ha ido muy bien, aunque estoy muy cansado a, no dormimos casi nada». Explicaba que «hablamos con gente de otros países porque se hacen amigos y hay intercambio cultural».

Una compatriota suya, también cordobesa, sí consiguió dormir con su grupo, aunque poco. «Húmedos e incómodos», contaba, ya que estaban en sacos de dormir. Pero mereció la pena, por estar con Jesús durante la vigilia, que para ella y otros muchos «fue maravillosa».

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