Córdoba

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«Adelante, Cabello Baena»

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El único cordobés del pelotón acaparó la mayoría de las atenciones en la llegada de la Avenida de Al Nassir

Día 26/08/2011 - 09.40h

Dicen que las estrellas brillan en el cielo, pero que también lo hacen en el mundo del espectáculo. Y en ese ámbito se engloba a todo el deporte. Sin embargo, hay veces que no siempre es así. En ocasiones, el aficionado busca páginas épicas o darle valor al héroe cercano. Y eso se vivió ayer durante la etapa de Córdoba.

Años atrás, las miradas se centraban en José Ruiz, quien era el cordobés del pelotón. Villafranqueño para más señas. Pero ese privilegio en Al Nassir y en el «Catorce por ciento» se correspondió con Antonio Cabello Baena. En su primera gran vuelta, el cordobés llegaba a casa y disgregó a sus fieles por todas las zonas del recorrido. Cada mirada, cada gesto iban orientados a que la fatiga no le pasara mella en su etapa más soñada. Así, para él fue de agradecer en el primer paso por la línea de meta, donde su familia le esperaba con camisetas conmemorativas, en las que destacaba la leyenda «Adelante, Cabello Baena». Entre otras, sus orgullosas novia y hermana.

Pero no fue la única sorpresa que tuvo ante sí Antonio Cabello. Al contrario que para el resto del pelotón, las rampas del puerto del «Catorce por ciento» no son desconocidas para él. Y aun así, muchos amigos se decidieron a arroparle con pancartas de ánimo, así como los verdaderos aficionados locales que lo subieron antes con sus bicicletas. Utilizando un término bastante futbolístico, Antonio Cabello Baena contó con el factor cancha muy a su favor.

De ahí que no extrañara en exceso el calor, algo que sí hicieron muchos de sus compañeros en el pelotón, que se fueron desintegrando del grupo a medida que avanzaron sobre las rampas del puerto de Segunda.

Sin duda, Cabello partirá hoy de Almadén, pero no olvidará esa tarde en la que se convirtió en el gran protagonista, pese a que en la etapa entraran por delante de él 79 corredores. Hasta su padre, director deportivo del Andalucía-Cajagranada y referencia ciclista a nivel local, se quedó relegado a un plano secundario, algo que aceptó con gusto.

En cuanto a lo que supuso la vigésima llegada a Córdoba, no hubo demasiadas novedades. Como bien anunció el «speaker» durante los prolegómenos, «una ciudad que se ha convertido en clásica» para la Vuelta y que cuenta con el añadido de la Sierra, algo que hace únicos y eléctricos sus finales. Tal vez por eso el aficionado medio se tomó con calma el hecho de ir a ocupar un sitio en las inmediaciones de la línea de meta. A las 15.30 eran pocos los valientes, salvo un espectador bien provisto de silla playera y dos botellas de agua congeladas. Obviamente, se cogió un sitio preferencial para observar el paso de los corredores y de las azafatas, siempre aclamadas por los congregados.

La autoridades

Rafael Navas, alcalde accidental de Córdoba, hizo las veces de anfitrión acompañado por Miguel Reina, presidente de Imdeco. Como suele ser costumbre, llegaron unos 45 minutos antes del final y protagonizaron un paseíllo en el que otros años intervenía Alfonso Igualada. Como es lógico, el péndulo de la política manda. Ellos desfilaron hacia el palco junto a los organizadores de la carrera. Aunque en esta ocasión no caminaron solos, ya que Carlos González, el presidente y propietario del Córdoba, se apuntó a la comitiva del evento. Y es que ya se sabe que la publicidad también va muy ligada al ciclismo.

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