Tras rastrear la parcela tres días, la calma vuelve a la zona sólo en apariencia
Día 21/10/2011 - 09.54h
A las 18.00 horas de ayer parecía que en Las Quemadillas no hubiera sucedido nada. Pero vaya si había pasado. La Policía Nacional trabajó ayer por la mañana otras tres horas en la finca de la familia Bretón, finalizando así tres días de búsqueda allí de los hermanos Ruth (6 años) y José (2), desaparecidos hace 13 días. Ellos son los nietos de los dueños de la parcela, aunque de quien sospechan los agentes es de su hijo y padre de los pequeños, José Bretón.
Sobre la una del mediodía el dispositivo policial se desmontaba y con él, el mediático. Las Quemadillas recobraba la calma sólo aparentemente.
Cuando se tocan los timbres, los portalones de las fincas cercanas a la investigada los abren relatos de tristeza y dolor. Un joven matrimonio. que prefiere mantener el anonimato y cuya parcela está muy cercana a la de los Bretón, confiesa estar «preocupadísimos, porque no se sabe nada: dónde están los chiquillos ni qué les ha podido pasar». «Mi marido está supernervioso y yo también, porque no sabes qué ha podido pasar y detrás de tu casa», admite la mujer. Dos niños a su lado refuerzan la empatía con el caso.
«Los angelitos»
Reconocen que sí pudieron ver trabajar a los agentes. Aseguran que los policías con los perros han rastreado «mucho tiempo». Sostienen que con el geo-radar pasaron por «toda la finca» y que hicieron catas, pero lo que salían eran veneros de agua. «La finca la han mirado entera: pozos ciegos, todos los lugares en los que sospecharan...», resume el marido.
Pero de los «angelitos», como les llama Paqui, otra vecina de la zona, a Ruth y a José, no hay rastro. «No se sabe ni dónde están ni dónde no están», se lamenta mientras confiesa que estos tres días de pesquisas en Las Quemadillas los ha vivido «fatal». «Es duro saber que están buscando los cuerpos», confiesa.
Otro porterillo y la misma expresión en el rostro. Una residente de la zona, que prefiere no dar su nombre, asegura sentir «dolor», porque los pequeños no aparecen. Lleva más de 20 años viviendo allí y conoce a los abuelos, a los que define como «bellas personas», para, luego, puntualizar que Bartolomé Bretón ha «pegado un bajonazo enorme». Y eso que, recuerda, se trata de un hombre «fuerte». A esta vecina se le agolpan las dudas cuando habla sobre si los pequeños estarán vivos o no: «Con mi dolor grande, después de tantos días... ¡Pufff! Yo que sé. Espero que sí que estén vivos en casa de alguien ocultos. Averigua lo que a ese hombre por el padre se le ha pasado por su mente».
Una versión muy distinta se obtiene en el taller de coches aledaño a la finca de los Bretón. Allí, Manuel, uno de sus dueños, dice que el padre es «un chaval reservado y sociable con los vecinos». «Yo pienso que no le ha quitado la vida a sus hijos», sostiene. Eso sí, reconoce que la segunda vez que acudió la Policía a la finca —ya había investigado en ella la pasada semana durante dos días— sí pensó que «venían a sacar algo».



