José Bretón, que fue detenido por miedo a que se suicidara, no paró de pedir comida durante el registro
C. MORCILLO/A. GUTIÉRREZ / CÓRDOBA / MADRID
Día 21/10/2011 - 09.54h
La Policía sigue convencida de que José Bretón es el autor de la muerte de sus dos hijos, Ruth y José, de 6 y 2 años, y continúa buscándolos, de nuevo con perros especializados, en los alrededores y en otras zonas no muy distantes de la finca de los abuelos paternos en Las Quemadillas. Las actuaciones policiales se basan en la posición del teléfono móvil del único detenido por el caso, marcada por los repetidores y en el tiempo del que dispuso Bretón desde que recogió a los menores en la casa de los abuelos, hasta que alertó de su desaparición. Ayer al mediodía cesó el rastreo con geo-radar en la finca familiar de Las Quemadillas en la que ya se da por seguro que no están los pequeños Ruth y José.
Durante los trabajos realizados en estos tres días, el geo-radar no detecta la llamada «señal con mayúsculas», término que se emplea para la detección de cuerpos y que vendría a ser determinante, dado el tiempo trascurrido, caso de estar los cadáveres de los pequeños en la finca. Pese a todo, los expertos han tomado muestras que ya se están analizando en Madrid y los resultados se sabrán, probablemente el domingo o el lunes, aunque las esperanzas son escasas.
Cuatro versiones
Durante estos días de rastreos en la parcela de Las Quemadillas, los expertos se han encontrado con dificultades añadidas. Por un lado, un suelo seco y arcilloso que complica las tareas y, del otro, la existencia de una línea de alta tensión que cruza la finca y ha generado interferencias en la señal del geo-radar.
Los investigadores, con el acuerdo del juez, decidieron detener al sospechoso el martes ante el temor de que se quitara la vida, según ha podido saber ABC, después de que le pusieran sobre la mesa las contradicciones en sus declaraciones —hasta cuatro versiones del momento de la desaparición— y le reconstruyeran la secuencia de horas y rutas marcada por los teléfonos, además de la grabación de una cámara de seguridad cercana al Parque Cruz Conde. Pensaban que la presión y la intensa búsqueda con él delante le harían reflexionar, pero no ha sido así. Ni en las más de diez horas que le estuvieron interrogando como arrestado ni durante todo el miércoles que pasó en la parcela se inmutó.
Su frialdad, evidenciada desde el minuto uno, se hizo más patente que nunca. Pidió que le trajeran comida en varias ocasiones (en una de ellas expresamente pizza) y preguntó con insistencia que cuándo se marchaban porque quería ver el partido de fútbol. Quienes se encontraban a su lado no daban crédito. «Permanece ajeno a lo que está ocurriendo a su alrededor», señalan las fuentes consultadas. Se da por seguro que sufre algún trastorno de la personalidad de tipo bipolar, de ahí el temor a que pasados los días se viniera abajo. Los investigadores no piensan darse por vencidos, pese a reconocer el desánimo que ha cundido en las últimas horas.
Bretón les ha contado hasta cuatro versiones distintas sobre la desaparición de Ruth y José el día 8, todas en torno al Parque Cruz Conde, donde los agentes tienen claro que nunca estuvieron los niños. Dijo que se había sentado en un banco y los había perdido de vista; que los dejó bajar del coche mientras él aparcaba y que como eran muy juguetones y corrían mucho, lo dejaron atrás y desaparecieron. Cuando se le explicó que había una grabación de una cámara en la que él está solo, calló.
Los posicionamientos de su móvil indican que estuvo en la finca de Las Quemadillas o en sus alrededores (las antenas marcan una zona amplia) por la mañana, en torno a las doce, y que volvió a estar ahí por la tarde, cuando él aseguraba permanecer con sus hijos en el parque. La hora en la que recogió a los críos en la casa de los abuelos paternos, al mediodía, no se pone en duda. Se baraja en cambio que Bretón hubiera premeditado y preparado la desaparición y muerte de los críos. Pero Ruth y José no están en esa parcela. Pese a que quedan algunos análisis pendientes del geo-radar, la señal que habría marcado unos cuerpos enterrados hace días no ha aparecido.