Día 21/11/2011 - 10.03h
La victoria cantada y espectacular del PP no debe ocultar la derrota sin paliativos del PSOE, que yo creo más significativa a efectos históricos. Es bueno que en esta noche los españoles nos hayamos dado cuenta de que en este país somos tan serios como en cualquier otro y de que aquí el que la hace la paga. Los 110 diputados socialistas hacen de su partido una muy dudosa obra en busca de autor. Rubalcaba es ya un dimisionario de sí mismo, un plumilla en paro que engrosa la nómina de desempleados que han convertido a ese partido en una caricatura de su persona, calva y enjuta como un subsidio finiquitado. El partido socialista ha muerto. Viva el socialismo. Nunca un partido consolidado y vertebrado ha hecho un ridículo electoral semejante. Algo muy profundo se ha roto en el PSOE. Y ninguno de sus hombres puede arreglarlo…
Pero quizás sí alguna de sus mujeres. Valenciano vale, y no sólo de segunda. Carmen ha perdido la hegemonía catalana a pesar, o gracias, a sus mimitos, pero aún así conserva el tipo. Y Rosa mantiene el empate a escaños en Córdoba. El tres a tres de esta ciudad sabe a triunfo para la mercenaria. Que le digan a la excomunista quién sino ella ha sido capaz de parar la marea azul sin concesiones a la oleada roja. Ni los doce de IU han sido trece ni los 186 del PP han sido 187, porque ella estaba aquí para impedirlo. Se me dirá que los datos de la capital han sido demoledores y que sólo las tradicionales clientelas de los pueblos han salvado el resultado. Cierto es, pero no es menos cierto que Rosa era el cartel y que ha sido ella la que, por el momento, ha librado a la rosa del puño y de su manifiesta precariedad.



