La lluvia de toda la jornada no evita que Córdoba sea una de las provincias españolas con mayor porcentaje de participación (74,15%) en una jornada marcada por la tranquilidad
Día 21/11/2011 - 10.07h
Madrugón por la democracia, que no se diga que la voluntad del pueblo se expresa sin sacrificio ni esfuerzos. A las ocho de la mañana de un domingo, cuando los perezosos o los demasiado trasnochadores dicen que las calles no están puestas, los colegios tienen el ambiente de un día de clase. Casi todos los que van, acuden obligados, aunque más creciditos que los usuarios habituales y con menos ganas de jugar.
Chispea a las ocho de la mañana. No llega todavía al aluvión deprimente que muchos pronostican, pero sí que hay que salir a la calle con paraguas, a la misma hora que algunas familias buscaban un desayuno. Los colegios electorales comienzan a tomar ambiente a esas horas, todavía con las luces encendidas porque en el cielo no hay más que nubes. Córdoba es la primera provincia de Andalucía en abrir todas sus mesas. A las 9.34 se puede votar ya en cualquiera de las 1.034 mesas repartidas entre los 75 municipios.
Hacia las once y media de la mañana, la participación comienza a animarse. En el colegio Eduardo Lucena, en la avenida de Guerrita, algunos votantes encuentran que han cambiado la disposición de las mesas. Ya no hay que buscarlas en el vestíbulo, sino que se reparten todas por las aulas. Por los pasillos hay cabinas y no en todas ellas hay bolígrafos, aunque los interventores constatan que la mayor parte de los votantes prefiere las que tienen los tres candidatos de un partido ya tachados y listos.
Los interventores se movían tranquilos, si acaso con alguna presencia más sobresaliente de UPyD, que por segunda vez concurría a unas elecciones generales. Dos votantes echan de menos las papeletas verdes de
El Centro no se quita el aire cansado de cada domingo por la mañana, aunque algunos de los votantes tienen sorpresa. Los vecinos del corazón de la ciudad que no se han fijado en las papeletas censales han acudido equivocados al instituto Góngora, el sitio en que siempre habían ejercido su derecho. Un cartel les anunciaba allí que el centro de enseñanza estaba cerrado y que el colegio electoral estaba abierto en el Ayuntamiento. No fue el único caso. Quienes tenían que acudir a las urnas en el Conservatorior Rafael Orozco también se desplazaron, aunque a poquísimos metros, a la sede de Vimcorsa.
Como si el cielo quisiera hacer un guiño de complicidad, hacia el mediodía dejó de llover, o lo hizo con mucha debilidad. No había quien le quitase el tono plomizo al día, pero era la hora a la que más ciudadanos iban. Hacia el mediodía se forman las primeras colas. Un hombre llama la atención de otro que se detiene demasiado en la cabina. «¿Se decide usted, amigo?». Su mujer, divertida, explica que toma las papeletas para los dos, mientras el paciente ciudadano sigue aguardando. En varios colegios pierden la tranquilidad y la normalidad por unos minutos precisamente por la mañana, cuando los candidatos y el alcalde acuden a ejercer su derecho y a dejarse fotografiar haciéndolo. Pocos votos son más previsibles, aunque alguna, ya anticipándose un año a lo que tenía que venir, diera alguna sorpresa con su elección para el Senado en las de 2008.
A las dos de la tarde, la participación da un dato significativo en la provincia de Córdoba: ha aumentado con respecto a lo que sucedió en 2008. A las 14.00 horas había votado un 40,26 por ciento del censo, mientras que hace tres años y medio eran un 39,91.
Hora del bocata
El dato vale doble si se tiene en cuenta que en el total de España había bajado más de dos puntos y medio. Sólo Guipúzcoa, Jaén y Vizcaya ofrecían mejores resultados, aunque en Córdoba capital había un ligero descenso. A las tres de la tarde, la hora de los bocadillos y los refrescos para el presidente y los vocales de la mesa, volvía a llover, sin demasiada rabia pero lo bastante como para chafar una jornada otras veces era mucho más luminosa. A las seis, dos horas antes del cierre, el efecto se había diluido, aunque muy poco. La participación era del 60,13 por ciento, frente al 60,88 de 2008.
A la hora de este segundo avance de participación ya era de noche, aunque no detuvo a los electores, a juzgar por los resultados, que dejaron una participación del 70,87 %, no buena, pero sí mejor que la nacional. Llovió a cántaros. Quizá el colofón perfecto a una campaña marcada por el triste nubarrón de una crisis que hasta ahora ha amenazado con hacerse crónica. Al final, 74,15%.



