Álvaro Guillén: «No pedimos proteccionismo, pero sí reciprocidad, si nosotros cumplimos normas, que los demás también lo hagan»
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Álvaro Guillén: «No pedimos proteccionismo, pero sí reciprocidad, si nosotros cumplimos normas, que los demás también lo hagan»

Álvaro Guillén, presidente del clúster agroalimentario LANDALUZ, defiende un comercio internacional justo y exige condiciones equitativas ante la competencia de terceros países y las amenazas arancelarias

09/06/2025 Actualizado a las 17:17

Álvaro Guillén lidera LANDALUZ, el clúster agroalimentario que agrupa a buena parte de la industria alimentaria andaluza. Con una visión clara sobre los desafíos que atraviesa el sector, Guillén alza la voz frente a las amenazas arancelarias de Estados Unidos, la competencia desleal de terceros países y la necesidad urgente de reforzar la innovación y la sostenibilidad. Bajo su dirección, LANDALUZ se ha transformado en un espacio de impulso estratégico para las empresas, apostando por la colaboración público-privada como vía para asegurar un futuro competitivo y resiliente.

– ¿Cómo afronta el sector agroalimentario andaluz toda esta inestabilidad por las políticas arancelarias con las que amenaza Estados Unidos?

La amenaza de nuevas políticas arancelarias por parte de Estados Unidos genera una gran inquietud en el conjunto del sector agroalimentario andaluz. Se trata de un mercado estratégico para muchas de nuestras empresas, que han invertido durante años en construir relaciones comerciales sólidas, garantizar los más altos estándares de calidad y adaptar sus productos a las exigencias del consumidor norteamericano. En este entorno, si se llevan a cabo acciones desmesuradas en materia de aranceles que puede hacer perder el mercado ganado durante años, los gobiernos también deberían tener suscritos acuerdos bilaterales para suavizar la tensión. Estas decisiones unilaterales, que muchas veces responden a intereses ajenos al ámbito estrictamente comercial o alimentario, introducen una enorme inseguridad jurídica y obstaculizan la planificación empresarial a medio y largo plazo.

Desde LANDALUZ consideramos fundamental defender con firmeza el principio de reciprocidad y de libre comercio justo. Andalucía tiene un papel cada vez más relevante como potencia agroalimentaria en Europa, y es clave que nuestras empresas puedan competir en igualdad de condiciones en los mercados internacionales. En este contexto, estamos intensificando la interlocución institucional con las administraciones para proteger los intereses de nuestros productores. Al mismo tiempo, fomentamos la diversificación de destinos y la apertura de nuevos canales de comercialización que ayuden a reducir la dependencia de un solo mercado. Estamos preparados para hacer frente a estos desafíos, pero necesitamos reglas claras y un entorno comercial estable.

– ¿Están las empresas preparadas para asumir un escenario tan adverso como se ha planteado? ¿Cómo se puede ayudar a los productores para que sigan siendo competitivos?

Las empresas del sector agroalimentario andaluz han demostrado históricamente una enorme capacidad de adaptación y de resistencia frente a entornos adversos. Lo hicieron durante la pandemia, durante la crisis logística global o frente a los efectos de la sequía, y lo están haciendo también ahora ante un contexto geopolítico inestable y lleno de incertidumbres. En general, estamos hablando de un sector muy profesionalizado, que ha apostado de forma decidida por la calidad, la innovación y la internacionalización como señas de identidad.

No obstante, un escenario como el que se plantea requiere un esfuerzo adicional por parte de todos: empresas, administraciones e instituciones. Para que nuestros productores sigan siendo competitivos es imprescindible aliviar cargas fiscales, ayudar mediante incentivos fiscales para la contratación, innovación y aumento de la competitividad frente a terceros países, facilitar el acceso a financiación, apoyar la modernización de instalaciones y procesos, e invertir en formación y capacitación para los equipos. También es clave potenciar los instrumentos de promoción internacional de la mano de organismos como la Junta de Andalucía, trabajando de forma conjunta con el sector privado a través de la fórmula de la colaboración público-privada y reforzar la imagen de marca de los productos andaluces en los mercados exteriores. Desde LANDALUZ estamos trabajando intensamente para acompañar a nuestras empresas en este camino, facilitando alianzas, conocimiento y visibilidad.

– Tras el congreso agroalimentario que ha organizado LANDALUZ, ¿cuáles son los principales retos del sector en la región?

El congreso agroalimentario que hemos celebrado recientemente ha sido un punto de inflexión para reflexionar, de manera colectiva, sobre el futuro del sector en Andalucía. Especialmente, nos hemos centrado en la empresa familiar y en el papel que esta ha jugado y juega dentro de la industria agroalimentaria. Actualmente, un 80% de la industria está basada en la empresa familiar y entender este modelo es fundamental para entender nuestro sector.

En cuanto a los retos, son muchos. Por un lado, la sostenibilidad se ha convertido en una exigencia ineludible, tanto por parte del marco regulador europeo como por la demanda de los consumidores. Debemos apostar por prácticas más eficientes desde el punto de vista energético, hídrico y medioambiental. En segundo lugar, está la necesidad de reforzar la innovación, tanto tecnológica como organizativa, como vía para ganar valor añadido y diferenciación. En tercer lugar, el relevo generacional y la profesionalización del sector son fundamentales: necesitamos atraer talento joven, cualificado y comprometido con un nuevo modelo agroalimentario. Y, por último, la internacionalización, que sigue siendo una palanca estratégica para crecer y consolidar la presencia global de nuestra industria.

Como decía antes, para afrontar estos retos es fundamental establecer, mediante la colaboración público-privada, herramientas donde se escuche la voz del sector agroindustrial y que las líneas estratégicas planteadas se hagan teniendo en cuenta el interés del tejido empresarial.

– La innovación sigue siendo el objetivo a alcanzar. ¿En qué punto están actualmente las empresas? ¿Cuánto camino queda por recorrer?

La innovación ya no es una opción, es una necesidad estratégica para cualquier empresa que quiera mantenerse competitiva. Así lo hemos entendido desde LANDALUZ lo que nos llevó a reinventarnos el pasado año, convirtiéndonos en el Clúster agroalimentario de Andalucía. Esto significa que mantenemos todos los servicios de promoción, asistencia a ferias, gastronomía, internacionalización y responsabilidad social, y sumamos en el portfolio de servicio a las empresas la innovación.

En Andalucía hemos avanzado mucho en este sentido. Muchas de nuestras empresas agroalimentarias están ya inmersas en procesos muy avanzados de digitalización, automatización de procesos, desarrollo de nuevos productos, adaptación a las nuevas demandas nutricionales o incorporación de tecnologías para la trazabilidad y la seguridad alimentaria.

Sin embargo, también somos conscientes de que queda camino por recorrer, especialmente en el caso de las pymes, que necesitan más apoyo para acceder a la innovación de forma práctica y rentable. La clave está en seguir tejiendo alianzas con centros tecnológicos, universidades y plataformas de innovación abierta. Desde LANDALUZ, en nuestra vertiente como clúster, trabajamos en la creación de entornos colaborativos y en la transferencia de conocimiento entre empresas para que la innovación no sea un privilegio de unos pocos, sino una herramienta transversal. Y no hablamos solo de innovación tecnológica, sino también de nuevas formas de conectar con el consumidor, de sostenibilidad social o de modelos de negocio más circulares y resilientes.

– La competencia de terceros países sigue siendo una grave preocupación. ¿Cómo se puede abordar este problema sin caer en un excesivo proteccionismo?

La globalización ha traído enormes oportunidades, pero también desafíos que deben ser gestionados con inteligencia y firmeza. Uno de ellos es la creciente competencia de productos procedentes de terceros países que no están sometidos a los mismos requisitos normativos, sanitarios o medioambientales que nuestras empresas. Esto genera una distorsión evidente en el mercado y pone en riesgo la viabilidad de muchas explotaciones y pequeñas industrias agroalimentarias que sí cumplen con los estándares exigidos en Europa.

Desde LANDALUZ creemos que la solución no pasa por el proteccionismo, sino por exigir reciprocidad. Si se nos exige cumplir con unas reglas muy estrictas —como es lógico—, esas mismas reglas deben aplicarse a todos los productos que se vendan en el mercado europeo. Esto no es una barrera al comercio, es una garantía para los consumidores y una defensa de la competencia leal. Paralelamente, debemos seguir trabajando para diferenciar nuestros productos en base a su calidad, su trazabilidad, su impacto social y medioambiental. Solo así podremos mantener una posición sólida frente a quienes basan su competitividad exclusivamente en precios bajos y modelos productivos poco sostenibles.

Escrito por

Álvaro Guillén

Presidente del clúster agroalimentario Landaluz

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