Las lluvias primaverales han llegado a tiempo para salvar los cereales en Sevilla
Las siembras de verano y el girasol, al que han ayudado a nacer en buenas condiciones, son otros de los grandes beneficiados de las precipitaciones
Asaja Sevilla ha destacado que la llegada de las lluvias primaverales supone un beneficio para el sector, ya que permite sacar adelante las cosechas y reducir el déficit hídrico en el quinto año consecutivo de sequía que atraviesa la provincia.
En concreto, los principales cultivos beneficiados son los cereales, el girasol, los olivos, los almendros, los naranjos, los melocotoneros, los cultivos hortícolas y la ganadería, entre otros.
Situación actual
En definitiva, desde la asociación han destacado que todos los sectores y cultivos de la provincia de Sevilla se han beneficiado por las últimas lluvias de primavera que, si bien, «llegan irregularmente repartidas, son muy necesarias».
Esta situación se registra tras un invierno que ha estado «marcado por la escasez de agua y un mes de febrero extremadamente seco (el más seco desde 1965), en el que los agricultores y ganaderos sevillanos han sufrido las consecuencias meteorológicas sobre sus cultivos».
En concreto, desde Asaja Sevilla han señalado que desde que ha entrado la primavera, la pluviosidad media en la provincia de Sevilla ha sido de unos 60 litros/m2.
Reducción de riegos
Al respecto, la organización afirma que estas precipitaciones, «que llegan generalmente en forma de tormenta y se distribuyen de manera irregular, están viniendo muy bien» para rematar el cereal, para favorecer la nascencia del girasol y la siembra de cultivos de verano como el maíz, el algodón y el tomate.
Asimismo, como seguran, están permitiendo la reducción de los riegos de la remolacha, el arbolado y los hortícolas, acompañando a la floración del olivar y ayudando al crecimiento de la hierba en las dehesas.
Finalmente, Asaja Sevilla reitera que las precipitaciones «siguen siendo necesarias», puesto que aún se encuentran por debajo de la media y los pantanos de regulación general de la Cuenca del Guadalquivir, al 48% de su capacidad, «carecen del agua necesaria para que los agricultores de riego puedan contar con una dotación normal».