Ricardo Serra: «La sociedad ha dejado de valorar el trabajo en el campo»
El histórico dirigente deja la presidencia de Asaja Sevilla tras casi 32 años
A punto de cumplir los 32 años como presidente de Asaja Sevilla, Ricardo Serra dice adiós al cargo. Lo hará, oficialmente, en la asamblea general de la organización agraria, que tendrá lugar el próximo jueves. Será entonces cuando María Morales, hasta ahora vicepresidenta de la entidad y única candidata, tome el relevo.
Con 67 años, Serra ha sido una de las figuras más destacadas del sector agrario andaluz. No en vano, también es presidente de Asaja Andalucía, cargo que por ahora mantendrá, y forma parte de Interaceituna y el Comité Económico y Social Europeo.
—Anunció su intención de retirarse hace seis años, pero la falta de candidaturas le ha ido frenando. ¿Por qué ha llegado el momento de dar un paso atrás?
—Vienen tiempos nuevos para el campo. Estamos en un momento en el que se empieza a discutir cómo será la nueva PAC, tanto en orientación como en presupuesto, con nuevos cargos en la Comisión, así como retos a nivel andaluz, y nacional, que necesitan savia nueva. Hace falta gente más joven que le dé un impulso renovador a todo lo que viene. Una de mis preocupaciones era quién tomaría el mando en Asaja Sevilla, pero he de decir que, tanto María Morales como el equipo con el que se presenta, tienen todo lo necesario para afrontar las dificultades que vendrán: cualificación, experiencia y, sobre todo, están en el campo y conocen los problemas diarios de los agricultores.
—¿En qué se parece el campo andaluz al de hace 32 años?
—No solo el campo, sino la sociedad al completo es totalmente distinta. Cuando empecé al frente de Asaja no había teléfonos móviles, prácticamente ni ordenadores. No existían los GPS, ni los drones, ni el Sigpac u otros elementos que ahora son el día a día de los agricultores. Incluso la reglamentación ha sufrido una extraordinaria transformación. Creo que ha cambiado la mentalidad, el trabajo en el campo se ha profesionalizado de manera radical, y las nuevas tecnologías han sido un factor muy importante de la evolución. No obstante, el sector agrícola no ha ido, precisamente, a mejor: sigue existiendo el problema de los precios, los costes desorbitados y una legislación laboral cada vez más asfixiante, por no hablar de una disponibilidad limitadísima de productos químicos que nos permitan defender a los cultivos de las plagas. Entre los aspectos positivos de estas décadas, han aumentado técnicas que permiten la intensificación de los cultivos, el riego por goteo o su programación.
—Ha sido representante de Asaja y, por tanto, del sector agrario andaluz, en órganos europeos. ¿Se trata peor al campo ahora desde las instituciones comunitarias?
—Sí. Tengo la impresión de que la agricultura ha pasado a segundo plano, ocupando el primero las cuestiones medioambientalistas. Se les olvida que quien vive en el campo es el agricultor, y que sin este sector no hay zonas rurales. Mucho quejarse de la España vaciada, que no es otra cosa que una consecuencia de la pérdida de la agricultura como motor, pero parece que sigue sin abordarse de manera seria y efectiva. Prueba de todo ello es que, hace unas décadas, el presupuesto de la PAC era un 70% del total de la UE, y ahora estamos, aproximadamente, un 30%. Damos por hecho que los alimentos tienen que estar siempre en el lineal, y a un precio razonable, y eso no es tan fácil ni algo automático. Damos por hecho que los alimentos tienen que estar siempre en el lineal, y a un precio razonable, y eso no es tan fácil ni algo automático. La sociedad ha dejado de valorar el trabajo en el campo en esta UE que llamamos «del bienestar».
Jóvenes y gestión del agua
—¿Es la falta de relevo generacional una consecuencia de esta ‘pérdida de posición’?
—Sin duda. La falta de jóvenes es uno de los grandes retos que tiene el campo, y es una de las consecuencias de esa pérdida de valor. A esto hay que sumarle los abandonos de la actividad, en los últimos diez años, Andalucía ha pasado de 280.000 declaraciones de la PAC a no alcanzar las 220.000. Eso son 60.000 agricultores menos a nivel regional. Para empezar, los agricultores tienen muy difícil jubilarse, las condiciones son bastante malas, y eso hace que se mantengan activos durante mucho tiempo. Por regla general, los hijos ven lo duro que es y se buscan otras salidas laborales. Más de la mitad de los agricultores a nivel español han superado, o están a punto de hacerlo, la edad de jubilación, y ni la UE ni el Gobierno están abordando el problema en absoluto.
—La gestión del agua es otro de los retos que siempre ha sobrevolado al sector.
—El agua lo es todo para Andalucía, y se trata de un asunto que nunca se ha tratado con la suficiente seriedad. El problema es que las soluciones nunca son a corto plazo, aumentar la capacidad de embalsamiento requiere de 10-12 años, y los gobiernos son más cortos. Nadie quiere trabajar para no llevarse el mérito. A esto hay que sumar la absurda falta de colaboración entre comunidades autónomas, porque hay lugares en España donde sobra agua. En algún momento hubo un plan hidrológico nacional, aceptado por todos, pero José Luis Rodríguez Zapatero se lo «cargó» nada más ocupar el cargo de Presidente. Hay que hacer un debate serio y profundo, y dejar a un lado a aquellos que dicen que debería cambiarse de sistema productivo para no consumir tanta agua en el sector agrario. ¿Cuál es la alternativa? Eso supondría abandono total del sector.
—¿Ha sido Planas el peor ministro de Agricultura para los intereses de Andalucía?
—Para nosotros ha sido la gran decepción. Cuando era consejero andaluz, colaboró con el entonces Ministro, Miguel Arias Cañete, en defender una PAC buena para Andalucía. Sin embargo, ahora ha mentido en todo, y ha negado la realidad, que no es otra que Andalucía ha perdido más de 115 millones de euros anuales en la PAC que él ha negociado.