¿Qué sembrar en la campaña más difícil de los últimos años?
Campaña incierta

¿Qué sembrar en la campaña más difícil de los últimos años?

La falta de agua, la subida de costes y la nueva PAC ponen en jaque a los agricultores

08/11/2022 Actualizado a las 08:36

Aunque pueda parecer un tópico, la campaña que se avecina es una de las más complicadas a las que se enfrenta el campo sevillano, y andaluz, desde hace bastantes años. La grave crisis que atraviesa el sector está marcada por la falta de agua, el incremento del precio de la energía y los fertilizantes, y una aplicación de la nueva PAC aún «confusa». Un panorama que ha hecho que, a principios de noviembre, la mayoría de agricultores aún no sepan qué y cómo van a sembrar.

«Incertidumbre». Eso es lo que planea en todas las explotaciones, con un futuro en el aire que pone en juego no solo muchos puestos de trabajo, sino también la producción de alimentos de la región, una de las principales potencias agroalimentarias en Europa.

«Los agricultores sevillanos se encuentran ahora mismo con la calculadora en la mano, sin saber qué hacer y mirando el cielo, a ver si al final cae algo de lluvia que anime a comenzar con las siembras», reconoce el técnico de cultivos herbáceos de Asaja Sevilla, Fernando Rodríguez.

Ocupando el lugar de la principal preocupación, sin duda, la falta de lluvias. Con los embalses de la cuenca del Guadalquivir a tan solo un 18% de su capacidad, una cifra que el propio presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha calificado de «muy preocupante», y sin perspectivas de que llueva en abundancia en los próximos días, cuando se prevé que las temperaturas vuelvan a rondar los 29 grados, resulta muy difícil aventurarse a sembrar en cualquier rincón de Sevilla.

Octubre ha sido uno de los meses más cálidos y secos de los últimos años, y las últimas lluvias en la provincia sevillana han sido muy escasas: apenas 23 litros por metro cuadrado de media. «No se recuerda un año peor desde el 98, cuando tan solo hubo 10 litros por metro cuadrado», se lamenta Rodríguez.

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Recoleccion del trigo duro / Agrónoma

Grave sequía

La grave sequía puede determinar las siembras a favor de aquellos cultivos cuyas necesidades hídricas sean menores, por lo que «quedan casi descartados, y serán pocos los agricultores que se atrevan» con cultivos como la patata y el maíz. Este último, que precisa en torno a 7.000 metros cúbicos de agua por hectárea, ha sufrido una brusca bajada de superficie en las últimas seis campañas que se ha notado sobre todo en zonas tradicionalmente productoras de maíz como la Vega, donde en la última campaña se quedó por debajo de las 1.000 hectáreas, «algo prácticamente testimonial y que tiene todos los condicionantes para repetirse este año».

A la falta de agua se suma la subida del precio de los insumos. Desde el gasoil agrícola a las semillas o los fertilizantes, cuyo precio se ha multiplicado por tres debido al alza en el coste del gas natural.

El conflicto entre Ucrania y Rusia es uno de los grandes detonantes de esta subida, de la que no se libra el precio de la energía, cuya tendencia ascendente afecta de sobremanera a las zonas regables y ha convertido a la electricidad en una de las principales causas por las que muchas explotaciones están prácticamente sumidas en la quiebra.

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Campo de cebada / Agrónoma

Entrada de la nueva PAC

La compleja ecuación a la que deben que enfrentarse los agricultores tiene otro nuevo factor en esta campaña: la entrada en vigor de la nueva PAC, cuya aplicación está rodeada aún de elementos confusos y en la que destacan, sobre todo, los eco-regímenes. Cabe recordar que los eco-regímenes, o ecoesquemas, son las nuevas prácticas respetuosas con el medioambiente a las que van aparejadas un porcentaje de las ayudas de la PAC.

Uno de ellos, que se puede aplicar en las tierras de labor de secano, el eco-régimen de rotación de especies mejorantes, tiene entre sus requerimientos que un 5% de las especies mejorantes que se utilicen deben ser leguminosas.

«Esto supone una complicación añadida en esta campaña, ya que hay falta de simiente de leguminosas en el mercado», asegura el técnico de la patronal agraria. Esto, asegura, está causando cierto alarmismo entre los agricultores, que quieren acogerse al eco-régimen para no perder aún más importe de su ayuda PAC, pero no encuentran semillas disponibles para hacerlo. Desde Asaja Sevilla ya han trasladado esta problemática a la Consejería de Agricultura para intentar buscar una solución.

Por otro lado, detalla el técnico Asaja Sevilla, el alto precio de los fertilizantes está haciendo que cada vez sean más los que busquen nuevos métodos de aplicación, como puede ser el abono localizado, que ahorra producto y, por consiguiente, costes.
Las zonas de secano y eminentemente cerealísticas, como la campiña sevillana, también se enfrentan a la falta de agua. Fernando Rodríguez avanza que el trigo duro, en el que Sevilla es la principal productora a nivel nacional, no bajará mucho de superficie en esta campaña.

«Aunque va a tener unos costes de producción superiores a 800 euros por hectárea, de media, está teniendo cotizaciones que, a priori, pueden interesar», asegura Rodríguez. De hecho, afirma que, incluso en zonas regables, muchos se decantarán por alternativas como el trigo duro antes que cultivos con alta necesidad hídrica y unos costes de producción altos como el maíz.

El triticale, que ha ido creciendo en los últimos años excepto en 2021 (35.030 hectáreas) en un contexto de descenso de todos los cereales, es una de las alternativas a barajar en este año marcado por la confusión. «Se trata de un cultivo muy rústico, con alta tolerancia a las plagas y enfermedades, un punto a favor en una campaña con los fertilizantes muy caros», concreta Rodríguez. Además, podría crecer la extensión de trigo blando, cuyos costes de producción son inferiores a las del trigo duro, así como la cebada.

Girasol
Girasol / Asaja

El girasol

Pero, sobre todo, hay perspectivas de que crezca el cultivo del girasol. Este ya sufrió una subida de superficie en la pasada campaña, cuando la Comisión Europea autorizó que se sembrasen los barbechos para mitigar la falta de girasol provocada por el conflicto geopolítico entre Ucrania y Rusia.

De esta forma, y como la autorización para sembrar barbechos sigue vigente en esta campaña, todo parece indicar que la superficie de girasol se va a mantener. En concreto, la superficie dedicada al girasol creció en 2021 en España y en Andalucía más de un 20%, al pasar de 626.000 hectáreas a 750.000, en el caso de España; y de casi 194.000 a 246.374 en el caso de Andalucía.

Actualmente, y con todas las variables posibles sobre la mesa, son muy pocos los agricultores que se han atrevido a sembrar.
«Lo cierto es que aún tenemos margen para decidir qué hacer en una campaña tan incierta como la que estamos viviendo», asegura Fernando Rodríguez, que recuerda que el año pasado, y viendo que las lluvias no llegaban, muchas siembras de cereal se hicieron en seco. «Si finalmente lloviese de aquí a unos días, sería el deseado pistoletazo de salida que puede animar al sector para que comience a sembrar», asegura el técnico de la patronal.

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