La razón por la que Rosa Fernández recomienda empezar a comer fresas en febrero (y no es solo por su sabor)
Empieza la época en la que se pueden aprovechar todos los beneficios nutricionales de esta fruta
Cada año, llega febrero y ya empezamos a ver fresas en los mercados, en las fruterías… y ya empiezan a apetecer.
La temporada de las fresas va de febrero a junio, cuando se cultivan en condiciones óptimas, respetando su ciclo y con un impacto más sostenible. Aunque hoy se puedan encontrar durante todo el año procedentes de otros países, yo siempre recomiendo esperar a estos meses. No solo porque están mucho más ricas y sabrosas, sino porque es cuando más sentido tiene su consumo desde el punto de vista nutricional. Y si son de Huelva, mucho mejor.
Mucho más que un sabor
Si ya de por sí, su sabor tiene mucha fama, sus propiedades no se quedan atrás. En cada 100 gramos de fresas apenas encontramos unas 37 calorías, muy poca cantidad de grasa y una buena cantidad de fibra.
Otra de las principales razones por las que las fresas se han consolidado como un alimento saludable es por su alto contenido de antioxidantes, vitaminas y minerales:
- Son especialmente ricas en vitamina C, esencial para el sistema inmunológico y para proteger nuestras células del daño oxidativo. De hecho: una ración de fresas puede aportar una cantidad de vitamina C similar a la de la naranja.
- También contienen vitaminas A y E, relacionadas con la salud de la piel y la vista, así como pequeñas cantidades de vitaminas del grupo B.
- En cuanto a minerales, nos aportan potasio, magnesio y calcio, fundamentales para regular la presión arterial y mantener una buena salud ósea.
Además, como comentamos anteriormente, son ricas en fibra. Esto hace que tenga un efecto positivo sobre la digestión. Gracias a su fibra, las fresas ayudan a prevenir el estreñimiento y favorecen el tránsito intestinal.
¿Cómo incluirlas en nuestro día a día?
Una de las cosas que más me gustan de las fresas es su versatilidad. Funcionan igual de bien en recetas dulces que saladas, en desayunos, ensaladas, bebidas o platos más elaborados. Son una fruta agradecida, fácil de combinar y que siempre aporta un toque diferente y fresco.
Antes de nada: cómo conservarlas
Las fresas tienen un inconveniente claro: se estropean con mucha facilidad. Para conservarlas mejor, recomiendo guardarlas en la nevera con el tallo y las hojas intactas, sin lavarlas, y hacerlo solo justo antes de consumirlas. Y si alguna fresa empieza a deteriorarse antes, conviene retirarla para que no afecte al resto.
Uno de los trucos más eficaces es la termoterapia, muy utilizada en cocina profesional. Consiste en sumergir las fresas unos segundos en agua caliente (unos 50 grados), secarlas bien y guardarlas en frío. Este método ayuda a eliminar microorganismos y prolonga su frescura varios días.
Congelarlas es otra opción, aunque hay que tener en cuenta que al descongelarse pierden textura y quedan blandas. En este caso serían perfectas para batidos, salsas o postres, pero no tanto para comerlas solas.
Recetas
Si piensas que las fresas solo sirven para el postre, déjame romperte los esquemas: Gracias a su equilibrio entre dulce y ácido, puede ser el ingrediente ‘secreto’ perfecto para elevar cualquier plato. Aquí te dejo cuatro formas diferentes de disfrutarlas este mes:
Espero que se te haya hecho la boca agua con estas recetas y que tomes febrero como el momento perfecto para empezar a consumir fresas. No solo porque están buenísimas, sino porque ahora es cuando realmente nos ofrecen todo su potencial.