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Sector agroalimentario

A nadie le amarga un dulce

«Parece más probable que el incremento en el consumo de bollería se produzca en momentos puntuales del año, en determinadas festividades»

08/05/2024 a las 09:28

La panadería y la bollería no ocupan el centro de nuestra cultura gastronómica, pero han sido un permanente acompañante de la misma y juegan un relevante papel. Si analizamos los últimos datos hechos públicos por la Asociación Española de la Industria, la Panadería y la Pastelería (ASEMAC), la producción de pan procedente de masas congeladas en España en 2023 aumentó el 1,2% con respecto a 2022.

En lo que respecta a la bollería y pastelería, esta creció más de 7%. Sin embargo, si se amplía el periodo de tiempo analizado y se observa la evolución de los datos en los últimos siete años, la producción de pan ha caído el 1,7% mientras que la bollería se ha disparado en cerca de un 38%

Lo que llama la atención es que, al contrario de lo que se podría suponer si se considera la intensa corriente social en contra de la repostería industrial, la bollería y pastelería han experimentado un crecimiento notable. Esto refleja una tendencia de los consumidores en la que este tipo de productos de conveniencia no tiende a desaparecer.

Quizás porque la innovación en estos segmentos este jugando un papel relevante, con empresas invirtiendo en nuevas tecnologías y procesos para mejorar la calidad y reducir la cantidad de azúcares y grasas saturadas en sus formulaciones. Aunque, a decir verdad, parece más una decisión ajena a estos avances, generalmente desconocidos para el consumidor medio. Parece más probable que el incremento en el consumo de bollería se produzca en momentos puntuales del año, en determinadas festividades, casi todas ellas asociadas a una repostería característica. En estas fechas se potencia el consumo, aunque el consumo regular no crezca o incluso disminuya.

Esto sería un buen dato, porque permite mantener un sector de un importante valor económico, sin que los consumidores incrementen de manera desproporcionada y, sobre todo regular, el consumo de unos productos, que en exceso son perjudiciales para la salud. Y es que, de vez en cuando, a nadie le amarga un dulce.