La cosa está muy «apretá»
«Los que mejor han terminado el año lo han hecho en tablas, pero para muchos el año habrá sido negativo en términos de rentabilidad»
Cuando un año termina y otro nos abre sus puertas, la canción más veces reproducida o el video más veces visualizado suelen acaparar algún que otro titular.
Las palabras más buscadas por internet también suelen tener su hueco en las noticias, y he podido ver que entre ellas han destacado algunas relacionadas con la guerra de Ucrania, la copa del mundo de futbol e incluso el nombre de un juego donde hay que acertar palabras en menos de seis intentos, «Wordle».
Pero, cuando uno vive en el sector porcino, la palabra que se me viene a la cabeza ha sido «apretá». Por supuesto, no digo que haya sido la palabra más buscada, ni siquiera la más utilizada, pero sí de las que más he escuchado durante 2022: «este año la cosa está muy apretá».
Un año lleno de incertidumbre
Según la Real Academia Española, la palabra «apretado/da»; tiene varias acepciones como son: peligroso, arduo o difícil, lleno de trabajo y que produce escaso margen.
Todo ello define perfectamente lo que ha sido 2022. Un año lleno de incertidumbre donde las decisiones ha habido que tomarlas día a día, trabajando durante gran parte del mismo por debajo de los costes de producción, sin poder siquiera pensar qué podría ocurrir a dos o tres meses vista. Este sector requiere ver o al menos intuir lo que puede pasar en un futuro próximo, ya que la inversión en juego es muy importante, y ha sido tremendamente difícil tomar decisiones estratégicas.
En efecto, 2022 ha sido un año duro para el sector. Se puede decir que ha terminado algo mejor de lo que todos creíamos pero, sin duda, ha sido un año muy complicado, y me refiero tanto al cerdo de capa blanca como al porcino ibérico. Los que mejor han terminado el año lo han hecho en tablas, pero para muchos el año habrá sido negativo en términos de rentabilidad.
Y es que empezamos el año con unos precios de materias primas que ya venían en aumento desde meses atrás y que hacía que nuestros costes de producción aumentaran de una forma desorbitada. A esta circunstancia se unió el comienzo de la guerra en Ucrania que conllevó un incremento «extra»; de nuestros costes de producción al incidir directamente sobre los precios de las principales materias primas utilizadas en la alimentación animal, como el trigo, maíz o la soja.
Pero el tiempo no se detiene. Ahora tenemos por delante otro período por esculpir, otro año al que darle forma, que sea bueno o no dependerá de muchos factores pero sobre todo depende de nosotros mismos.
Retos del sector
El sector está en pleno cambio y, probablemente en un lapso de tiempo relativamente corto, pocas cosas se parecerán a las de años pasados. Los retos que tiene el sector son muchos.
La actividad ganadera porcina es un negocio de rentabilidad unitaria muy baja y se tiene que estar pensando constantemente en buscar la mayor eficiencia. La especialización de las granjas y el uso de la tecnología aplicada a la sanidad, el medio ambiente y el bienestar animal, serán cada vez más importantes.
La necesidad anterior, junto con unas exigencias normativas cada vez más restrictivas, una carga administrativa cada vez mayor y la demanda de los consumidores, están llevando al sector a una mayor concentración como vía de subsistencia. Estoy convencido de que cada vez veremos más movimientos, tanto horizontales con otros productores como verticales con la industria mediante adquisiciones, alianzas o fusiones.
Así que, desde la asociación que gestiono, deseamos lo mejor para este año que ya ha comenzado. Un 2023 cuyo primer esbozo se dibuja también complicado, «apretao», pero en el que muchas de las incertidumbres actuales se disiparán. Hay ganaderos que ya se han planteado su continuidad y otros se lo plantearán a lo largo de los próximos meses, pero antes de tomar decisiones drásticas hay que pensar que en los momentos complejos también surgen oportunidades y cada uno de nosotros debemos encontrar la nuestra.