La última frontera
«Este verano hemos asistido a una situación inusual. Hemos visto cómo desde Bruselas se cerró la importación de cítricos procedentes de Argentina por la detección creciente y exagerada de plagas de cuarentena»
Arrancamos una campaña citrícola más, fijando septiembre como una frontera artificial, el punto de partida imaginario en un mercado que desde hace ya muchos años es de doce meses continuos, en el cual las campañas se solapan, vaya, algo así como la gira de Bob Dylan, «Never Ending Tour» que empezó a finales de los ochenta y sigue en marcha en la actualidad.
Es una realidad que se da ya en prácticamente toda la gama de fresco: hay de todo durante todo el año y normalmente bueno, bonito y barato. Es a lo que las grandes superficies han acostumbrado al cliente. Eso está bien, sabiendo lo que compramos y cuándo. Pero estaría mucho mejor si todos jugáramos con las mismas reglas (seguridad alimentaria, condiciones laborales, etc.) y en esto Europa sigue haciendo aguas, y ya no son menores.
Después del ridículo como unidad regional, política y económica, sufrido ante la administración de Estados Unidos a cuenta de los aranceles impuestos a productos agrícolas españoles, para contrarrestar otras vergüenzas, este verano hemos asistido a una situación tan novedosa como inusual. Hemos visto cómo desde Bruselas se cerró la importación de cítricos procedentes de Argentina por la detección creciente y exagerada de plagas de cuarentena.
Esto hizo que también los sudafricanos, voluntariamente y muy al final, cesaran para algunos productos sus exportaciones. A pesar de esta necesaria decisión, ha sido un año récord en importaciones de países terceros, lo que indica sin duda lo tarde que llegó una medida tan reclamada por todo el sector, por la legalidad y por el sentido común desde hace demasiados años.
Primeros aforos
Aun asumiendo que las fronteras van cayendo, todas y de todo tipo, en nuestro hacer y sentir sigue existiendo un inicio de campaña que conlleva unas previsiones en cuanto a cantidad y calidad. Estas, tras unos años controvertidos por su uso como arma publicitaria política y errores de bulto a consecuencia de esto, se van afinando.
Así, para esta que comienza, esperamos más cantidad (la calidad es más complicada de afinar con tanta antelación, aunque no pinta mal) que el año pasado, en torno al 10%, pero menos que el último año «normal», hace dos, con el que debemos compararnos.
En efecto, esta campaña pasada no ha sido normal, ya que la emergencia sanitaria ha influido notoriamente en el desarrollo de la misma. Pero por la misma razón, los cítricos se han acreditado como un gran remedio preventivo, por lo que la expectativa de que comercialmente el año acompañe, hace que el ambiente esté animado. El tiempo dirá si esta tendencia se asienta, pero de momento permite ciertas dosis de optimismo, con un verano movido en cuanto a operaciones de compraventa se refiere.
Esperemos, pues, que en los límites de esta última frontera, donde sólo germinaba la resignación tantos años enquistada en el pesimismo, florezca y se asiente ese optimismo que no debería abandonarnos. En un entorno tan incierto, con una crisis en ciernes tan brutal como desconocida, necesitamos sectores que ayuden a equilibrar el desánimo general, que tiren del carro de una economía herida, que generen empleo y que aporten su granito de arena con productos que, más que nunca, se nos muestran como necesarios y saludables.