¿Cómo va la campaña citrícola?
«Esta campaña que comenzamos sin queja alguna y que nos prometíamos tan feliz, sigue a remolque del tardío invierno, lenta e incierta»
La pregunta de «¿Cómo va la campaña?», me llevaba a escuchar durante toda mi vida una cantinela que siempre me ha irritado. Más aún porque quien lo decía, o nunca había trabajado en el campo, o no lo había comprendido jamás. «Es que siempre os estáis quejando y seguro que cuando dices que este año perdéis dinero es que vais a ganar menos de lo esperado».
Esto, dicho desde la complacencia de estar instalados en una realidad invariable, la de que como antes había sido así, pues así será. Cualquier explicación coyuntural se antojaba como un parche más ante sus irónicas certezas que reafirmaba una vez más sus sospechas.
Llegamos a nuestros días, donde estas explicaciones que van de cambio climático, de un incremento de costes que en ningún caso se correlaciona con un incremento de los precios de venta, de cambios culturales en el consumo de fruta, de cada vez más innumerables y casi insalvables trabas burocráticas, para terminar resumiendo que el mercado no va, no tira. Pasan a ser problemas estructurales que hacen cada día más complicado hacer rentable este negocio, que es más que ningún otro una forma de vida por su arraigo a la tierra y a sus vicisitudes.
A remolque del invierno
Así, esta campaña de cítricos que comenzamos sin queja alguna y que nos prometíamos tan feliz, sigue a remolque del tardío invierno, lenta e incierta, pero viva, como el campo, siempre vivo. Más allá de este comentario puntual, lo que nos debe hacer meditar es que durante las tres últimas décadas hemos visto prácticamente desaparecer de la Vega del Guadalquivir cultivos que en su día fueron altamente rentables y con una alta incidencia de mano de obra, tales como el tabaco primero, el espárrago después y en la actualidad la fruta de hueso en plena crisis.
A estos se les unen otros cultivos anuales como el maíz o el algodón que año tras año ven decrecer sus hectáreas, con fuerte vinculación a la PAC. Parece así pues que no se trataba de llorar, se trataba de vender todos esos productos al mismo precio de hace treinta años pero con costos cinco veces superiores en el mejor de los casos y problemas burocráticos infinitamente superiores.
¿Cómo siendo esto así, sigue el sector agrario vivo y convirtiéndose en cada época de crisis en valor refugio? Revisemos por encima los grandes retos que ha afrontado nuestra agricultura y que le han permitido evolucionar y adaptarse para seguir siendo rentable:
-Incremento de la superficie susceptible de uso agrícola, a través principalmente del riego localizado, optimizando los recursos hídricos con la automatización y uso de sensores.
-Búsqueda constante de nuevas variedades y semillas más productivas que unido a mejoras en las técnicas de cultivo, han supuesto una mejora constante de la calidad.
-Avances en un uso mas eficiente y responsable tanto de nutrientes como de productos fitosanitarios.
-Implantación de nuevos cultivos alternativos.
El mercado
Pero todo esto estamos hartos de leerlo, estudiarlo, comentarlo año tras año, hay talento e ilusión a partes desiguales a veces, que ayudan a que siempre salga el sol en el campo. Quisiera hacer una última reflexión sobre algo que cada vez se nos convierte más en un ente ininteligible e incomprensible, al cual le echamos la culpa de casi todos nuestros males: el mercado.
Vernon Lomax, Premio Nobel de Economía, resumía como significado de mercado que en una sociedad libre «las normas emergen como un orden espontáneo, son descubiertas y no fruto del diseño deliberado de ninguna mente», perversa, añado yo.
El mercado somos las personas con nuestras decisiones individuales. El problema surge cuando se inmiscuye la política y la burocracia bloqueando el sistema de formaciones de los precios, dispersando y fraccionando la información y el conocimiento, lo que lleva inexorablemente a la concentración de la ignorancia en los que tienen la responsabilidad y el deber de dar las soluciones a los problemas, no de provocarlos.
Esto hace que la batalla por el porvenir sea una auténtica gymkana, algo común a muchos sectores, pero en tan pocos tan relevante como el agrario por su carácter estratégico para un país en crisis. Y cuando para gestionar un negocio tienes que pasar más tiempo preocupado, y casi siempre ocupado en todos estos males artificiales añadidos que en esas claves de mejora y crecimiento, surge el riesgo, como suelo decir, de que te quiten las ganas de tener ganas, y eso no tiene arreglo.