X
Edición genética

Una puerta para las modernas técnicas genómicas

«Reducir a la mitad este tiempo que tarda una nueva variedad en llegar al mercado puede marcar la diferencia entre poder cumplir los objetivos medioambientales de una forma sostenible y no hacerlo»»

24/05/2021 a las 07:27

Las nuevas técnicas de edición genética quedaron desde 2018 bajo el paraguas regulatorio de los transgénicos, tras una sentencia del Tribunal de Justicia Europeo, que de esta manera frenó en seco su aplicación. La diferencia entre estas tecnologías y los transgénicos es sustancial.

Mientras que en estos últimos se incluyen uno o más genes de otras especies en la cadena de ADN de la planta, lo que en todo caso no altera la naturaleza del organismo más allá de la nueva característica que expresa la modificación, en la edición genómica esto no se produce. La reciente publicación de un informe por parte de la Comisión ha cambiado el escenario y abre la puerta a la actualización del sistema.

La posición española es bastante coherente. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha mantenido una posición firme en defensa de estas nuevas técnicas, y ahora el Ministerio de Ciencia y Tecnología también las ha avalado públicamente, entendiendo la preocupación por su innecesaria limitación.

Objetivos europeos

Por otro lado y de acuerdo con los objetivos de la estrategia «De la granja a la mesa», en 2030 el 25% de la superficie agraria deberá ser ecológica y se deberá haber reducido en un 50% la aplicación de fitosanitarios. Al margen de que sean objetivos muy discutibles desde una perspectiva global de sostenibilidad, la realidad es que para compensar la previsible reducción en la producción de alimentos, se hace necesario incrementar rápidamente las productividades, tanto de la superficie remanente de agricultura convencional, como de la propia agricultura ecológica.

Con un modelo como el actual, en la que se tardan más de 10 años en poner una nueva variedad convencional en el mercado, reducir a la mitad este tiempo puede marcar la diferencia entre poder cumplir los objetivos medioambientales de una forma sostenible, o provocar un importante desequilibrio económico y social, trasladando el problema medioambiental a estados terceros.