Los pastores, esos grandes olvidados
Sector ovino-caprino

Los pastores, esos grandes olvidados

«Hoy día no quedan hijos que quieran ser pastores y, por tanto, no hay a quien transmitirles esos conocimientos»

10/12/2019 Actualizado a las 11:03

Ahora que casi estamos en Navidad, y que en muchos hogares se pone el portal de Belén conmemorando el nacimiento de Jesús, hay una figura que nunca falta, nunca nos olvidamos de colocar los pastorcitos, con sus rebaños de ovejas pastando cerca de la ribera.

El pastor es uno de esos nobles oficios que están en peligro de extinción, un oficio de tradición, de transmisión de conocimientos en otros tiempos de padres a hijos, y que hoy día no quedan hijos que quieran ser pastores y, por tanto, no hay a quien transmitirles esos conocimientos.

Hablamos hoy día de la España vaciada, donde la ganadería ovina está herida de muerte. Según datos de Eurostat hemos perdido un 15% de explotaciones ovinas y un 50% de las explotaciones en la última década, está última década marcada por un abandono de las explotaciones ovinas en parte merced a la baja rentabilidad de las explotaciones y otras veces se ven abocadas al cierre o cambio de especie por la dificultad para encontrar pastores.

Dedicación

Los pastores, esos grandes olvidados, que con su bien hacer y su dedicación conocen perfectamente a su rebaño, hacen las veces de veterinario practicando las curas o los remedios transmitidos por sus antecesores hasta la llegada del facultativo. Son obstetras y ayudan a nacer corderitos que presentan partos distócicos y que de otra forma no verían la luz.

Hacen las veces de nutriólogos y dietistas, manejando la alimentación para evitar problemas que podrían causar la muerte de las ovejas (toxemias de gestación, eclampsias…). En otras ocasiones son toxicólogos (si el término empleado fuera correcto) y botánicos, conociendo las plantas venenosas y sus intoxicaciones, pero también conocen las plantas que curan y cómo aplicarlas (principio de la terapéutica moderna).

El pastor hoy se asfixia ante las nuevas tecnologías y la burocracia. Ya no es suficiente que él conozca cada oveja de su rebaño y las veces que ha parido, hoy además, debe cumplimentar una ingente cantidad de procesos administrativos para al final llegar a la conclusión que sus desvelos apenas cubren sus gastos y en el mejor de los casos obtiene un pequeño beneficio.

Mi consideración y gratitud. Que este noble oficio perdure en el tiempo y no termine formando parte de nuestros recuerdos y solo vuelva en estas fechas cuando ponemos nuestro nacimiento. Que las nuevas generaciones se acerquen a este oficio y se formen en las Escuelas de Pastores donde, además de conocer las nuevas tecnologías aplicadas a la ganadería, conozcan la tradición y los conocimientos que esos pastores de generaciones anteriores han guardado con celo y están deseosos de trasmitir con paciencia y observación.

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