El aceite lampante importado de Túnez se concentra en Sevilla
Sector oleícola

El aceite lampante importado de Túnez se concentra en Sevilla

En el último lustro se han cuadruplicado las entradas de lampante de otros países

11/09/2019 Actualizado a las 09:42

Entre octubre de 2018 y marzo de 2019, España importó 84.000 toneladas de aceite de oliva, de las cuales 31.350 corresponden a la calidad de aceite lampante, el más pobre en características organolépticas. En ese mismo periodo, Andalucía importó 60.800 toneladas, de las que casi la mitad (46%), es decir unas 27.700 toneladas, correspondieron a la categoría lampante, o lo que es lo mismo, a aceites que tienen mucha acidez y un sabor y un olor muy desagradable que impide su consumo sin refinar.

Estos datos muestran que, en los últimos cinco años, esta cifra se ha multiplicado por cuatro. Así, se ha pasado de las 6.331 toneladas de aceite de oliva lampante importado por Andalucía en los meses de octubre a marzo de la campaña 2013-2014 a 21.430 en el mismo periodo de 2015-2016 y a las 27.718 de 2018-2019. 

Son datos del Instituto de Comercio Exterior (ICEX), que ha dado a conocer la Organización de Entidades de la Economía Social Agroalimentaria de Sevilla (ES Andalucía). Así, según esta organización, si se analizan con más detalle las importaciones andaluzas de aceite de oliva lampante efectuadas de octubre a marzo de 2019, se observa que más de la mitad de este aceite (51%) procede de Túnez (14.091 toneladas); le sigue Portugal con 5.261 toneladas; Siria con 4.678; Marruecos con 1.845; Italia con 1.140; Grecia con 406; Perú con 129; Turquía con 113 y, por último, Egipto con 55.

Por otro lado, ES Andalucía destaca que el 96% del aceite de oliva lampante importado por Andalucía en ese período se concentra principalmente en Sevilla (10.000 toneladas), seguida de Córdoba (8.500 toneladas) y Jaén (7.900 toneladas). El aceite lamapante sin procesar no es apto para el consumo humano, según las normativas europeas. Por eso, se lleva a las plantas refinadoras, donde se procede a retirarle todo el olor, color o el sabor, añadiéndole sustancias para poder neutralizarlo, explica ES Andalucía.

Tras ese proceso, se obtiene el famoso aceite refinado, «que no tiene acidez ni notas desagradables. A ese aceite refinado se le añade aceite de oliva virgen o virgen extra para hacer una mezcla, que se denomina ‘aceite de oliva’, sin más añadidos en su nombre», apunta la entidad.

Etiquetado

De este modo, el resultado será un aceite con acidez más baja, un olor suave, más limpio y atractivo a la vista. Durante estos procesos «se pierden polifenoles, es decir, muchas de las cualidades básicas y principales para la salud, por lo que la calidad no puede ser comparable a la de un aceite de oliva virgen extra».

El problema es, según denuncia la asociación, que la normativa de etiquetado de esta categoría de aceite no obliga a indicar el lugar de procedencia (origen geográfico), aunque sí debe indicar la categoría con una leyenda similar a esta: «Aceite que contiene exclusivamente aceites de oliva que se hayan sometido a un tratamiento de refinado y de aceites obtenidos directamente de aceitunas». Por ello, desde ES Andalucía consideran esencial «avanzar para mejorar el etiquetado, de manera que los consumidores tengan información precisa y completa para poder elegir de manera consciente y responsable su opción de compra».

La Organización de Entidades de la Economía Social Agroalimentaria de Andalucía representa a más de 18.600 socios agricultores y ganaderos, con una facturación agregada de más de 250 millones de euros. Entre sus objetivos está el «recuperar los principios básicos del cooperativismo y promover una representación justa de sus asociados», entre los que se encuentran un nutrido grupo de las cooperativas agroalimentarias andaluzas.

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