
¿Cuáles son las claves para seguir siendo líderes en aceite de oliva?
En el panorama internacional, el sector oleícola se enfrenta a una serie de retos que amenazan la valorización del origen España
El olivar se encuentra en una encrucijada debido, entre otras cuestiones, al aumento exponencial de la superficie, al alto rendimiento de los nuevos sistemas productivos y a un consumo moderado, que no crece al mismo nivel que la oferta. A la amenaza productiva por las nuevas plantaciones se suman otras de carácter comercial, como la imposición de aranceles en mercados estratégicos, el desenlace del Brexit o la nueva PAC.
Los datos muestran que cada año se plantan en el planeta 160.000 hectáreas de olivar. De hecho, en la última década se han incorporado al cultivo dieciséis países nuevos, ya que «el olivar se ha convertido en un cultivo refugio, por lo que necesitamos medidas urgentes que nos ayuden a superar esta crisis», señala el director gerente de Oleoestepa, Álvaro Olavarría. La cuestión es si estamos sólo ante una crisis coyuntural o es necesario asumir cambios estructurales en el sector.
España, con Andalucía a la cabeza, es líder internacional del aceite de oliva en conocimiento, experiencia, tecnología y productividad. No obstante, «ha demostrado no estar preparada para una campaña récord como la anterior (2018-2019), caracterizada por una alta cosecha y una recolección muy rápida que inundó de aceite las almazaras. Pocos actores del sector lo habían previsto, ocasionando un desequilibrio coyuntural entre oferta y demanda, que hundió los precios en origen», declara el experto analista oleícola internacional y profesor de la Universidad de Jaén, Juan Vilar.
Unos precios que continúan sin remontar al inicio de la nueva campaña 2019-2020, pese a que se ha aforado una menor cosecha nacional (1.233.000 toneladas según el Ministerio de Agricultura y 1.150.000 según Asaja Sevilla) y las salidas de aceite en el primer mes de comercialización han batido récord.
Por ello, prosigue el analista oleícola, «es necesario asumir que el escenario ha cambiado estructuralmente», y anima al sector a «buscar fórmulas que hagan que en el futuro no se produzcan situaciones similares por falta de planificación, con lo que ello conlleva en cuanto a efectos en la cadena de valor y sobre los olivos menos competitivos».
Caracterización del olivar
En España, más del 75% del olivar es tradicional y sólo un 2% del olivar es superintensivo, es decir, mecanizable y mucho más productivo. Por tanto, «seguir siendo líderes en el aceite de oliva pasa por apostar por la diferenciación y la excelencia», asevera Juan Vilar. No existe otro camino cuando decenas de países han apostado por el cultivo superintensivo. Por tanto, las cosechas mundiales, salvo circunstancias climatológicas generalizadas, «cada vez serán más estables y de mayor cuantía».
La entrada en juego de nuevos países productores hace que, por el aumento de producción, los precios bajen. Por lo tanto, «hay que buscar la competitividad de distinta forma», asegura Vilar. Hay distintas estrategias para continuar siendo líderes, pero una de las más rentables «es apostar por la excelencia y buscar la singularización de nuestros aceites», subraya el experto.
Andalucía es la mayor productora mundial en aceite de oliva virgen extra ecológico y eso «es un síntoma de diferenciación», apunta Vilar.
Comercialización
El aceite de oliva es un producto de cercanía. Por tanto, «un país que empieza a sembrar olivos se convierte en un nuevo consumidor». De hecho, la tendencia actual es de reducción del consumo en los países tradicionalmente productores y de incremento en los no productores y en los que se están incorporando al cultivo, sobre todo, Estados Unidos.
Se trata de un mercado estratégico para las exportaciones del sector oleícola español y que actualmente está en riesgo, tras la imposición, desde el pasado 18 de octubre, de un gravamen del 25% a todo el aceite de oliva embotellado de origen español que entre en el país gobernado por Donald Trump, no afectando a otros países productores de la Unión Europea como Italia o Grecia.
En términos oleícolas, Estados Unidos destina 75.000 hectáreas al olivo, cultivo mayoritariamente en seto y más del 60% en regadío. Aunque históricamente destinó más superficie a elaboración de aceituna de mesa, en la actualidad se encuentran casi en equilibrio, con 70 almazaras y 50 entamadoras.
Así, es el tercer mayor consumidor de aceite de oliva en el mundo, con consumos que superan las 320.000 toneladas por ejercicio, teniendo capacidad para producir sólo el 5% de lo que consumen los estadounidenses. Para satisfacer el resto de su demanda, importa aceite de oliva de España, unas 160.000 toneladas por ejercicio. De dichas exportaciones españolas, la mayor parte (100 mil toneladas) son graneles, y 60.000 se envían embotelladas, siendo éstas las gravadas por el arancel del 25% impuesto por la Administración Trump. Pero los daños al sector irían más allá, según confirma el presidente de Cooperativas Agroalimentarias de Andalucía, Juan Rafael Leal.
Enormes pérdidas
El sector agroalimentario español, y muy especialmente el andaluz, se enfrenta «al mayor ataque de su historia», lo que supondrá «dejar de comercializar 140.000 toneladas de aceite de oliva español; las 60.000 que enviamos embotelladas desde España y las 80.000 que Italia nos compra y envasa para comercializar en América».
En resumen, «estamos hablando de dejar de comercializar el 12% de nuestra producción media y prácticamente el 20% de todas nuestras exportaciones», subraya.
Andalucía y, por ende, España es el principal productor y comercializador de aceite de oliva y aceituna de mesa del mundo. «Una posición y un prestigio, que ha costado muchos jornales, sudores, inversiones, trabajo y esfuerzo alcanzar, para que ahora se nos expulse de un gran mercado como el estadounidense», lamenta Juan Rafael Leal, que vaticina que, tras dos cosechas consecutivas con bajos precios, esta situación «va a suponer un mayor hundimiento de las cotizaciones por acumulación de producto en los mercados».
Y es que los consumidores americanos no van a comprar aceite de oliva español, más caro, cuando pueden tener un producto similar a un precio mucho más competitivo. Por tanto, serán países europeos como Italia y Grecia «los que se van a beneficiar de nuestra expulsión de Estados Unidos, pero también países terceros como Marruecos, Egipto o Túnez y, una vez que tengan ya el mercado, ¿cómo volvemos a recuperarlo?», se pregunta el presidente de la federación.
Es una situación «inasumible» que obliga a pensar en un plan B a los olivareros, donde caben medidas sectoriales como el almacenamiento privado y la autorregulación, en las que ya se está trabajando, así como intensificar la promoción por parte de la Interprofesional. También hay medidas a título empresarial que se están plateando las grandes firmas del olivar, como envasar en Estados Unidos, con la consiguiente pérdida del valor añadido.
Por su parte, y con ocasión del Día Mundial del Olivo, que ha tenido lugar el 26 de noviembre, la Unión de Pequeños Agricultores ha recordado que, a pesar de que «las ventas de aceite de la última campaña marchan a muy buen ritmo, falta que el primer eslabón de la cadena, el agricultor, perciba una justa remuneración».
A todo esto se suma, recuerdan desde UPA, la caída del consumo de aceite de oliva por parte del consumidor español, «una preocupante realidad». «Y no solo porque queramos vender más y mejor aceite, que también, sino porque la caída de ventas de este producto es una realidad preocupante para España a nivel social, sanitario y nutricional», han declarado.