De la ‘A a la Z’: los fondos de inversión que están transformando el sector olivarero
COAG Andalucía detalla en un informe cuáles son las grandes firmas que están invirtiendo en el aceite de oliva andaluz y cuáles son los riesgos
COAG Andalucía presentó un estudio pormenorizado de la situación del olivar andaluz, inmerso en un proceso de ‘uberización’, y pusieron nombre a los principales fondos de inversión implicados. Según datos de la organización, en la Península Ibérica más de 900 fondos poseen ya tierras valoradas en más de 100 mil millones de euros.
Tal y como detallaba Álvaro Areta, responsable técnico del informe, el grupo Atitlan fue uno de los pioneros en la inversión en el sector del olivar bajo la enseña Elaia.
Desde el año 2007, esta entidad desarrolló una apuesta inversora en el sector agrario que se fue concretando en la explotación de más de 20.000 hectáreas de cultivos, sobre todo leñosos, en España, Portugal y Marruecos. En concreto, gran parte eran fincas de olivar que han sido vendidas en 2022 al grupo De Prado, generando un beneficio de más de 73 millones de euros, según datos de COAG.
Por su parte, el fondo de capital riesgo ‘Beka & Bolschare Iberian Agribusiness’ comenzó su andadura en el sector en 2021 y está destinado a gestionar y desarrollar plantaciones agrícolas, principalmente olivar, aguacate y almendro. Cuenta con más de 1.500 hectáreas de plantaciones superintensivas en Portugal y Castilla la Mancha, algunas de ellas con certificación ecológica, y almazara propia.
De otro lado, la organización agraria destacó el caso de la administradora de fondos SLM Partners, que opera a nivel mundial y gestiona más de 300.000 hectáreas y que en abril de 2022 compró 300 hectáreas para la producción de almendra, pistacho y olivar en España, más concretamente en Murcia. La operación se realizó a través del fondo Silva Europe Fund, de 250 millones de euros.
En cuanto a Fiera Capital, fondo de inversión canadiense con más de 120.000 millones de dólares en activos bajo gestión, ha adquirido Innoliva, empresa que ya contaba con 8.000 ha de olivar en Extremadura y el Alentejo, 2.000 de ellas de carácter ecológico.

El informe de COAG se detiene también en otros eslabones de la cadena del olivar, en los que también participan grandes firmas de capital privado, como Miura Partners, que el año pasado alcanzó un acuerdo de asociación con Cándido Miró, de la que depende la marca Serpis, para fundar la enseña Olive&Co, una sociedad dedicada a consolidar el mercado de aceitunas, encurtidos y snacks saludables. Otro caso resaltable en este ámbito es el de CVC, que en 2014 se convirtió en dueño de Deoleo, empresa propietaria de marcas como Carbonell, Koipe y Hojiblanca, y que aún continúa al frente de esta entidad, a pesar de los intentos de venta que ha realizado en los últimos años.
Menos fincas
Estos importantes movimientos, según COAG, es uno de los principales factores que explican la reducción del número de explotaciones olivareras, sobre todo en las provincias de Sevilla, Córdoba y Cádiz. En concreto, en los últimos 20 años se ha perdido el 59% de las fincas olivareras (han pasado de 602.250 registradas en 1999 en Andalucía a 247.318 en 2020), mientras la producción de aceite de oliva ha crecido un 65% por la introducción de sistemas superintensivos.
«Al final, el riesgo es que las grandes compañías vengan a Andalucía a quedarse con el valor añadido de un producto que es identidad de nuestra tierra y que, cuando ya no les compense, se marchen», lamentó durante la presentación del informe Andrés Góngora, secretario general de Asaja Almería.
«Agua, tierra, ayudas… son recursos limitados y, cada vez, más escasos. Todo el foco de las políticas públicas y la asignación de esos recursos finitos ha de ponerse en las explotaciones de un modelo de agricultura socialmente necesario, evitando beneficiar a las más grandes, que pueden competir por sí mismas», aseguran desde la organización agraria.
Nuevas exigencias climáticas
Tal y como recoge el estudio, las explotaciones olivareras han tenido que adaptarse a las nuevas exigencias climáticas, y aquellas que cuentan con recursos hídricos han sido capaces de mejorar notablemente su productividad. La valoración de las tierras con permiso de uso del agua ha generado un interés económico, dando paso a un proceso de transformación que afecta principalmente a las pequeñas y medianas explotaciones, que carecen de recursos para competir con grandes inversores.
Por su parte, el secretario general de de COAG Andalucía, Miguel López, aseguraba que «el modelo olivarero andaluz está en riesgo». «El aceite es un producto estratégico para Andalucía, con más de 200.000 explotaciones, 1.600.000 hectáreas y 19 millones de jornales, hay que defenderlo a muerte, no se lo pueden quedar los fondos de inversión», insistía.
Por último, Consolación Vera, viceconsejera de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía, ha aportado datos como que: «Somos la comunidad autónoma con menos problemas de despoblación en nuestras zonas rurales» precisamente por el olivar. De hecho, «solo hay 26 pueblos en Andalucía que no tienen olivar o donde el olivar es residual. En más de 300 es su principal actividad económica».