Derribando mitos: el olivar superintensivo también es sinónimo de sostenibilidad
Experiencias de campo avalan que el sistema en seto es el más sostenible para producir aceite
El olivar superintensivo ha sido frecuentemente señalado como el de mayor impacto ambiental por el consumo de recursos como el agua y los insumos. Sin embargo, el aumento de la densidad de plantación en el olivar no es incompatible con las directrices de sostenibilidad.
Así lo atestiguan las estimaciones de impacto ambiental llevadas a cabo en Apulia (Italia), según recoge el profesor de la universidad Aldo Moro de Bari, Salvatore Camposeo, en su artículo «¿Altísima densidad o altísima sostenibilidad?», publicado recientemente en la revista «Olivo e Olio». En este artículo, Camposeo, un referente en la olivicultura moderna en su país natal, señala que «existen evidencias científicas y experiencias de campo que prueban la sostenibilidad ambiental de las plantaciones olivícolas superintensivas», señalando que este sistema es «refugio de fauna y flora autóctonos preservando la biodiversidad, al mismo tiempo que reduce la huella de carbón y la huella hídrica». Pero, ¿es extrapolable su afirmación a la situación del olivo en España?
El cultivo del olivar superintensivo o en seto (tal y como se denomina a la disposición de las plantas en hileras continuas que permiten ser recolectadas con máquina cabalgante) ha cumplido ya 25 años a nivel nacional. La empresa pionera en desarrollar plantas de olivo para el sistema en superintensivo a principios de los años 90 fue el grupo Agromillora, que actualmente produce el 30% de los olivos plantados en seto en Andalucía.
El equipo técnico de la compañía recuerda que la llegada del olivar en seto «fue un acontecimiento muy disruptivo por la mecanización total de la cosecha y la disminución de costes anuales que esta operación conllevaba». «Desde Agromillora vimos con gran orgullo la nueva oportunidad que este cambio supuso para los agricultores, por ayudar a convertir sus explotaciones en rentables y por la sostenibilidad del modelo», afirma.
A este respecto, el equipo añade que «el punto definitivo del convencimiento fue al constatar que se reducían los consumos de agua y nutrientes al mismo tiempo que se respetaba el medio ambiente».
Manejo del cultivo
El manejo del cultivo, tanto en agricultura convencional como en ecológica, es fundamental para obtener buenos rendimientos, y son muchos los empresarios olivareros que avalan la sostenibilidad agronómica y económica de las plantaciones superintensivas en la provincia de Sevilla.
Uno de ellos es Brígido Chambra, que cuenta con 300 hectáreas de olivar entre los municipios de Carmona y Écija, de las que un centenar se cultivan en seto y 200 en el sistema intensivo. Su experiencia le lleva a afirmar que «el uso de los recursos es más eficiente cuanto más densidad y más competencia hay entre árbol y árbol», pues comparando intensivo y seto asegura que «en el seto, al tener un 60% menos de volumen de área vegetal, se precisa mucho menos agua y fitosanitarios que en el olivar intensivo (que tiene más copa) para lograr una producción de entre 12-14 toneladas de aceitunas». Por ello, tiene en proyecto plantar 200 hectáreas más, que irán «en el sistema en seto», afirma rotundo.
Su olivar se gestiona «con el mínimo laboreo, protegiendo la estructura del suelo y la vida microbiana» y se riega «midiendo las necesidades del cultivo, que en una primavera lluviosa estarían entorno a los 1.500 metros cúbicos por hectárea», apunta Brígido.
Más allá del ecologismo
La finca Cortijo El Puerto es un ejemplo de respeto al medio ambiente, pues es la única en España cuyo olivar en seto está certificado con el sello de agricultura biodinámica, que implica un paso más allá del ecologismo. Situada en Lora del Río, cuenta con 120 hectáreas, de las que un 80% es olivar en superintensivo, logrando adaptar al cultivo en seto variedades como la hojiblanca, picual, cornicabra y picudo.
Esta explotación olivarera desmiente la sobreexplotación de recursos que se asocia «injustamente» al sistema en seto. Aquí, los olivos no reciben ningún tratamiento insecticida, ya que se apuesta por la lucha biológica natural, gracias a los insectos que habitan en sus cubiertas vegetales y en sus más de 150.000 arbustos.
Aparte, cuentan con «14 hoteles» que dan cobijo a la fauna beneficiosa para el olivar y que, de manera natural, ataca a la que resulta perjudicial al árbol. Además, la finca cuenta con dos estaciones meteorológicas y con un total de 40 sensores de riego, por lo que «se programa el agua para cada zona y variedad de olivar según sus necesidades justas, sin malgastar ni una gota», afirma Enrique de la Torre, consejero delegado de la firma.
En Lebrija, el todavía joven olivar de Jesús Guzmán es otro claro ejemplo de sostenibilidad en alta densidad, gracias a las buenas prácticas agrícolas empleadas tanto en secano como en regadío. De hecho, sus olivos superintensivos en secano están en fase de conversión al sistema ecológico.
En la finca se utilizan prácticas como la implantación de cubiertas vegetales, con las que «se frena la erosión del suelo y se reduce la pérdida de humedad, además de atraer a aves e insectos auxiliares para el control biológico de las plagas, lo que se traduce en un importante ahorro en inputs agrarios y en una explotación sostenible de los recursos», afirma.