Las cuadrillas familiares que sostienen la campaña de verdeo
Son las únicas cuya fidelidad está afianzada por años de trabajo con el mismo agricultor
Apenas son las 5:30 horas cuando la cuadrilla de Francisco Manuel Fernández llega al pago de Montefrange, a 8 kilómetros de Arahal, el pueblo que está arriba en el ranking de producción de aceituna de mesa. Todavía no ha amanecido pero van preparados para recogerla con luz frontal y con la experiencia de años de trabajo en el campo. De nuevo, se ha adelantado la campaña de verdeo, aunque aún no están todos los agricultores recogiendo la aceituna, una parte importante, al menos en este municipio, empezará a partir del 10 de septiembre, una vez pase la Fiesta del Verdeo, una feria que antiguamente marcaba el comienzo de la mejor temporada del año.
Es así porque en los pueblos agrícolas septiembre supone el inicio del año hidrológico. En este último, la sequía se ha contenido gracias a las lluvias intensas de primavera, pero no ha terminado. De hecho, esta cosecha sigue estando condicionada por una lluvia que no acaba de llegar. Las dos variedades de aceituna que cogerá este año Francisco Manuel, manzanilla y gordal, podrá venderlas a un buen precio. La ley de la oferta y la demanda cumple sin remedio con su objetivo, la aceituna escasea por lo que sube de precio.
En los primeros días, se verdea la de la variedad gordal. Por esta aceituna se está pagando en los puestos hasta a 2,50 euros por kilo en el mercado. La cosecha de esta variedad no superará el 20 por ciento de un año normal; en los almacenes no hay producto ni para cumplir el enlace de campaña.
Datos que barajan y comentan los agricultores en todas sus conversaciones ante la duda «a ver qué pasará con la manzanilla», otra variedad de aceituna de mesa que en el municipio sevillano de Arahal destaca por su calidad. Y este año también por su producción.
Según las previsiones generales de COAG, será una cosecha de media a alta. Las tormentas de granizo, que descargan en distintos puntos de España, mantienen los ojos en el cielo de aquellos que dependen del campo y que trabajan todo el año en él. Siempre hay riesgo, unas veces baja del cielo y, otras, del mismo suelo, cuando aquellos a los que le gusta cobrar sin trabajar pisan el campo para robar lo que otros han trabajado.
Herencias familiares
Con todas estas vicisitudes, la campaña del verdeo sigue siendo muy familiar. En el municipio citado, hay pocas grandes extensiones de tierra en manos de un sólo propietario, al contrario, están repartidas en herencias familiares que en los últimos años corren un riesgo: la falta de relevo generacional. La familia protagonista de este reportaje no corre, de momento, este riesgo.
Francisco Manuel Fernández es ingeniero agrónomo y, además de sacar adelante las tierras de su familia y las suyas propias, asesora en viveros, realiza proyectos de valoración de fincas e informes de daños e imparte cursos todo el año sobre aplicación de fitosanitarios, jardinería, poda y cualquier trabajo que tenga que ver con el olivar. Tiene una visión del campo que pasa por la sostenibilidad y la adaptación a las actuales condiciones climáticas con recursos para el almacenaje de agua.
Este joven agricultor enseña a nuevas generaciones de trabajadores del campo. Él mismo representa a una generación que creció entre olivares y en ellos quiere seguir. Su padre, Pepe Fernández, fue porquero y, según cuenta su hijo, «cegaba y hacía todas las labores del campo». A sus 80 años, ya jubilado, es el que está ojo avizor detrás de las tierras, llamando la atención de Francisco Manuel cada vez que encuentra una incidencia o se echa el tiempo encima para cualquier tarea del olivar.
Las cuadrillas están formadas por familias y amigos que llevan años acudiendo a esta cita en el campo. Hasta hace unos años, la campaña empezaba a partir de mediados de septiembre, cuando los más pequeños de la casa estaban estrenando los primeros días de escuela. Entonces, las tardes se acortaban al compás que bajaban las temperaturas. Desde hace unos años, el calor llega casi al Día de los Difuntos. Es el cambio climático que ha llegado para quedarse, el que provoca la maduración más temprana de la aceituna, al igual que pasa con otros cultivos. Así que en Arahal, ya la Feria no marca el inicio del verdeo, pero sí lo celebra con una fiesta dedicada a la aceituna, la única de la provincia con este motivo.
Verdear: tradición y cultura
En estos días el campo no está solo. Apenas comienzas a primera hora a recorrer la vereda de Espartero, Martinazo, La Grana, Montefrange, La Mata y cualquiera de los pagos de tierras de olivares de este municipio o de cualquier otro de la campiña sevillana, salen al paso cuadrillas de jornaleros, macaco al cuello, con manos maestras que alivian los olivos. Porque la aceituna es un cultivo social que se recoge a mano, acariciando el fruto para no arañarlo. Esta manera de hacerlo es tradición y cultura, pasado pero con un futuro incierto. Los agricultores más mayores se agarran a la tierra, algunos con raíces tan profundas como las de un olivo. Pero la realidad, el mercado, las políticas agrarias, el clima, todo se vuelve en su contra.
Desde hace unos años, por ejemplo, no hay gente para verdear. Esto han puesto de manifiesto las organizaciones agrarias, tanto Asajacomo COAG, que han pedido a la administración un plan de acción en este sentido. De momento, los pequeños agricultores como Francisco Manuel no tienen este problema. Su cuadrilla la forman cinco bancos, es decir, que llevan años juntos sin fallar. «Tengo una buena cuadrilla desde hace años y esto es hoy una raya en el agua», dice el joven agricultor.
Mientras atiende a Agrónoma en pleno tajo, no deja las manos paradas ni un momento recogiendo aceitunas gordales de calidad. Hay olivos en los que no paran de banquear porque está muy claro, en otros llenan varias espuertas.
En el olivo más cercano están dos hermanas, Toñi y Juani Fernández, que se ponen juntas para la foto. ¿Quién dijo que las mujeres no podían con el banco? Pueden y además saben colocarlo para alcanzar la mayor cantidad posible de aceitunas sin tener que bajarse a moverlo. Son primas de Francisco Manuel Fernández y trabajan en el campo desde siempre, al calor de una cuadrilla familiar. Las acompañan sus maridos, Rafael y Juan Antonio. también hermanos; en otro olivo cercano Fátima y Miguel suben y bajan del banco o esperan indicaciones del manijero, que es el propietario de las tierras.
Muy cerca, con una gorra y un pañuelo que le cubre el cuello, pantalón y camisa de manga larga, Carmen Pérez con una macaco pequeño echa una mano. Es la mujer de Pepe y madre de Francisco Manuel, siempre ha ayudado en el campo, ahora a otro ritmo, justo el que le marca sus 78 años. El verdeo es simplemente un entretenimiento, por salir de la casa por unas horas y sentirse útil. Es una experta aliñando aceituna, todo en el mundo del olivar es cercano y, hasta ahora, ha pasado de generación en generación.
La jornada de verdeo es de 6,30 horas, incluido el cuarto de hora que dedican al bocadillo. El sueldo este año, según convenio, es de 57,90 euros diarios que suelen cobrar por semana. Cada propietario gestiona de una manera el pago. Están los que descuentan 2,90 euros diarios del salario y lo redondean quedando en 55 euros. Hay otros agricultores que este año, para cuidar sus propias cuadrillas, redondean al alza, pagando 60 euros diarios y se hacen cargo de los gastos de los seguros sociales. Si el jornalero trabaja 21 días al mes, ya tiene pagada la Seguridad Social de ese mes, si no los trabaja tiene que hacerse cargo de la parte proporcional hasta completar lo que denominan «el sello», 160 euros mensuales.
Esta temporada de trabajo que dura desde 20 días a varios meses, sobre todo si se une la campaña de aceituna de mesa con la de molino, ayuda a reunir las peonadas para la renta agraria y a echar a andar el otoño, con los gastos de la entrada en el colegio de los más pequeños.
Las nuevas generaciones estudian y buscan otras opciones que no pasan por la agricultura. Los jóvenes como Francisco Manuel, que insisten en vivir del sector, siempre han crecido al abrigo de una cuadrilla familiar.