El cultivo del arroz, un sostén para asegurar el futuro del entorno de Doñana
Agricultura

El cultivo del arroz, un sostén para asegurar el futuro del entorno de Doñana

El sector tiene además una importancia económica mayúscula para los diez municipios de la comarca

27/04/2026 a las 06:30

El cultivo arrocero de las marismas del Guadalquivir no solo es importante a nivel agrario, sino que se trata de un sostén fundamental para la economía de los diez municipios de la zona, y una infraestructura medioambiental vital.

Así lo constata un estudio realizado por la Federación de Arroceros de Sevilla, en colaboración con la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Hispalense, que cifró en más de 700 millones de euros su facturación, con 103 millones de euros en remuneración de asalariados y 38 millones de euros en contribución impositiva a las arcas públicas. En términos de empleo, el sector arrocero crea 5037 puestos de trabajo indefinidos y más 320.000 jornales de campaña.

A esto se suma que el arroz es el pilar básico del entorno de Doñana. Durante el verano, su gestión es fundamental para el mantenimiento de la avifauna. Sin el cultivo del arroz, la supervivencia de estos humedales, objetivo prioritario en la política europea, corre un grave riesgo. Cabe recordar que en las zonas productoras no existe cultivo alternativo, por lo que su supervivencia se convierte en una cuestión trascendental por su sostenibilidad económica, social y medioambiental, así como por su papel en la protección de la flora y fauna de los humedales.

Diferentes formas de producir

Esto va unido a otra gran cuestión que explica la indignación de los arroceros: la producción en las marismas sevillanas es respetuosa con el entorno y se hace bajo estándares muy exigentes de trazabilidad, seguridad alimentaria y protección medioambiental. Sin embargo, gran parte del arroz importado se cultiva de una forma mucho más laxa, tanto medioambientalmente como en lo referente a derechos laborales.

A esto se suma la indefensión frente a las plagas: al sector europeo se le han retirado la mayoría de las materias activas para la protección de cultivos, mientras que los productores de otros continentes mantienen ventajas competitivas que aquí están prohibidas. Todo esto, bajo un control fronterizo que, según denuncian desde el sector, que apenas alcanza el 0,1% de los productos agroalimentarios importados.
Y, por último, como factor de la crisis arrocera, hay que mencionar la subida de costes, como el combustible o los fertilizantes, que tensionan aún más la situación.

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