El fangueo del arroz cierra una campaña marcada por la salinidad del río
Arrozal en cifras

El fangueo del arroz cierra una campaña marcada por la salinidad del río

El descenso de la producción supone pérdidas para el sector valoradas en 35 millones de euros en la provincia de Sevilla

13/11/2019 Actualizado a las 10:55

Una de las tareas tradicionalmente utilizadas, en las últimas fases del cultivo del arroz, es el fangueo, labor agrícola que se puede ver estos días en las tablas del arroz de municipios como Puebla del Río o Isla Mayor, en las marismas sevillanas del Guadalquivir, cuando los arrozales están inundados con bajo nivel de agua tras la cosecha, que este año ha estado mermada en producción, por la alta salinidad del río.

Así, en uno de los arrozales de Puebla del Río, después de la recolección se remueven los rastrojos y restos del cultivo de la campaña anterior y se mezclan con el barro, utilizando un tractor con unas ruedas traseras de hierro (las gavias), para eliminar las malas hierbas y preparar la tierra para el cultivo de la campaña siguiente.

Belleza ecosostenible

El fangueo es todo un espectáculo para los ornitólogos y amantes de la fotografía, por la enorme cantidad de aves que aprovechan estas labores del campo para alimentarse. Así, cada año multitud de cigüeñas, garcillas, garcillas cangrejeras, lavanderas o gaviotas de distintas especies se dan un festín en los arrozales sevillanos.

Aunque el fangueo reduce de forma considerable el uso de herbicidas y se trata de una práctica tradicional, según un estudio realizado en la Albufera de Valencia por el Instituto de Ciencia y Tecnología Animal de la Universidad Politécnica de Valencia esta práctica contamina un 18 % más (en términos que emisiones de metano y dióxido de carbono) que la quema de la paja.

Datos de la recogida

En cuanto a la campaña que acaba de cerrarse, el monocultivo por excelencia de las marismas del Guadalquivir es el arroz «Oryza sativa», con una superficie estabilizada en los últimos veinte años en torno a las 37.000 ha. En 2019 se han sembrado un total de 26 variedades. Puntal ha representado el 73’4% del total y JSendra el 13’4%. Entre las minoritarias destacan Guadiagrán, Guadiamar, Sirio y Fonsa. El 75’4% de la superficie se ha sembrado de grano largo, y el 24’6% de redondo.

Sobre la producción de este año, la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) ha denunciado una disminución de la cosecha en torno al 30%, con 6.500 kg por hectárea de arroz de media, lo que significa unos 3.000 kg menos de arroz de los que se generan por hectárea en una campaña normal. A nivel económico, esto supone pérdidas para el sector valoradas en 35 millones de euros en la provincia de Sevilla.

Descenso de la producción

Esta situación de descenso de la producción se debe, según la UPA, además de a la sequía, al alto grado de salinidad del Guadalquivir, que es el que riega los campos de arroz. La cercanía del río con su desembocadura, hace que exista un tapón salino que añade mayor concentración de sal en las aguas, desde la provincia de Sevilla hasta su salida al océano Atlántico, en Sanlúcar de Barrameda.

Sobre el incremento de salinidad en el río, la unión de agricultores culpa a la CHG, «que no ha gestionado bien los desembalses para favorecer la bajada del tapón salino. A esto se unen los dragados de mantenimiento efectuados por la Autoridad Portuaria de Sevilla, que también provocan la subida de agua del mar y, por tanto, de dicho tapón. Todo esto ha mantenido un nivel salino muy alto en las aguas de riego, que ha afectado al rendimiento de los arrozales».

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