La base científica y nutricional que se esconde tras los conocidos como ‘superalimentos’
¿Realidad o marketing?

La base científica y nutricional que se esconde tras los conocidos como ‘superalimentos’

La investigadora del CSIC Jara Pérez da a conocer en un libro las propiedades reales de afamados alimentos

18/01/2022 Actualizado a las 08:32

Tras el empacho de las fiestas navideñas, más de uno está pensando ya en hacer alguna dieta depurativa en la que, frecuentemente, se encuentran algunos productos conocidos por sus propiedades como ‘superalimentos’. Pero, ¿cuál es la base científica y nutricional que ampara a estos afamados alimentos?

Jengibre, cúrcuma, espelta, guanábana, bayas de goji, amaranto o panela son cultivos en auge debido a una gran demanda de consumidores ávidos por hacerse con estos productos que se suelen encontrar bajo la etiqueta de superalimentos.

Se trata de una lista que en los últimos años no ha dejado de crecer, pero lo cierto es que no existe una definición legal o científica de este término. Además, muchas de las afirmaciones que se realizan sobre sus efectos en la salud «tienen una base científica cuanto menos dudosa, o incluyen verdades a medias porque, en su mayoría, están más fundados en campañas publicitarias que en investigaciones nutricionales».

Trigo sarraceno / Agrónoma

Esto es lo que afirma la investigadora del CSIC Jara Pérez, autora del libro «Los superalimentos», en el que contextualiza el uso de estos alimentos en nuestra dieta y los compara con aquellos que consumimos habitualmente, dando a conocer las propiedades reales de algunos de ellos.

«Mi intención es ofrecer una guía práctica para que el consumidor pueda tener una idea general de cómo enfrentarse a un superalimento, de la evidencia científica que hay tras las informaciones que recibe sobre el mismo y poder así realizar elecciones bien documentadas», afirma la autora.

Si bien no hay una definición oficial, «se podría decir que los superalimentos son aquéllos con un origen generalmente exótico y que se han promocionado en los últimos tiempos debido a sus efectos en la salud, aparentemente muy poderosos».

Ese ‘poder’ no siempre está refrendado por la comunidad científica. Por eso, la especialista en nutrición aborda el análisis de diversos grupos de superalimentos para, en algunos casos, desmontar, y, en otros, explicar con detalle sus propiedades y cómo se pueden incorporar a la dieta para que realmente obtengamos algún beneficio de su consumo.

Bayas de goji Vs zanahorias

Un clásico dentro de los ‘top ten’ de superalimentos son aquellos que contienen antioxidantes, sobre todo polifenoles, un grupo de compuestos que pueden reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes de tipo 2.

En este escenario aparecen las bayas de goji. «Todo el mundo ha oído hablar de este producto, procedente de tierras lejanas, pero poca gente sabrá lo que es el cambrón, una planta similar que se cultiva en Almería, y que presenta propiedades similares».

Se publicita mucho, «y es verdad, que las bayas de goji contienen polifenoles, pero en cantidades similares a otras muchas frutas, como la ciruela», aclara Jara Pérez. Otro componente por el que destacan es el betacaroteno. «Se insiste en que su contenido es superior al de la zanahoria, pero también es cierto que con el consumo de 50 gramos de zanahoria estaremos cubriendo las necesidades diarias de dicho compuesto».

Además, añade la investigadora, «otra cuestión que se debe considerar es el precio, porque un kilo de bayas de goji suele costar unos 15 euros, mientras que la misma cantidad de zanahorias vale algo más de un euro».

Zanahorias / Agrónoma

Superalimentos détox

Otro de los grandes protagonistas de estos ‘superhéroes’ de la nutrición son los productos détox. La cuestión es que «nuestro cuerpo ya dispone de potentes sistemas detoxificantes como son el hígado, los riñones, los pulmones y la piel. Muchos de los alimentos promovidos bajo esta etiqueta solamente tienen buenos perfiles nutricionales y son aptos para incluir en una dieta saludable, pero no van a desintoxicarnos», aclara Jara Pérez.

Más bien al contrario. En el caso de los batidos verdes, preparados a base de grandes cantidades de verduras como las espinacas o las acelgas que algunos gurús aconsejan tomar hasta un litro al día, pueden convertirse en un producto perjudicial. «Este tipo de verduras de hoja verde son ricas en ácido oxálico y calcio. La unión de ambos compuestos genera oxalatos, que forman lo que conocemos como piedras en el riñón.

consumo
Espinacas/ Agrónoma

Supercereales y sal ‘buena’

Espelta, kamut o trigo sarraceno llenan los carteles de panaderías, pero, una vez más, no hay que dejarse cegar por lo exótico. En ese sentido, la autora recomienda que en la etiqueta del pan que consumimos aparezca, simplemente, «integral».

Algo similar pasa con los edulcorantes. Panela, sirope de arce o azúcar moreno se anuncian como más saludables, pero en todos los casos «estamos hablando de productos que contienen entre un 70 y un 95% de azúcar, de modo que la idea que debemos fijar es que hay que bajar la ingesta de azúcares libres». «No se trata de tomar tres bizcochos a la semana elaborados con azúcar moreno, porque así resultan más saludables, sino de consumirlos esporádicamente y elegir el edulcorante que más nos guste», apunta la científica.

La sal es otro los productos cuyo consumo debemos reducir, pero de nuevo aparece una alternativa prometedora: la sal rosa del Himalaya. Quienes la defienden dicen que es mejor que la común porque es rica en minerales, pero, según la autora, deberíamos consumir de 50 a 600 gramos de sal rosa para ingerir los mismos minerales que ya nos aportan alimentos tan comunes y saludables como las sardinas en aceite, las judías blancas o los pistachos.

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