Los agricultores cerealistas, al límite: el cultivo no es rentable
Una producción menor de la esperada y unos precios muy bajos hacen imposible la viabilidad de las explotaciones
Los agricultores cerealistas de la provincia de Sevilla, y de Andalucía en general, están «al borde del abandono». A pesar de las buenas expectativas que parecían vislumbrarse en abril, lo cierto es que la recolección avanza y se va confirmando otro año desastroso más para el sector.
«Muchos están al límite, tememos que esto sea el inicio de productores que dejen el cultivo», lamenta Macu García, técnico de herbáceos de Asaja Sevilla.
Respecto a la campaña, que se está desarrollando de manera más lenta de lo normal, ya se ha recolectado entre el 45-50% del total de cereales de la provincia de Sevilla, que suman 307.561 hectáreas entre trigo duro, blando, cebada y triticales.
Sin embargo, los rendimientos no cumplen, ni con mucho, lo que se esperaba. En los trigos blandos, por ejemplo, no se está llegando a los 3.800 kg/hectárea, frente a los 4.000 kg/ha que se preveían, mientras que en los trigos duros, cuya superficie ha caído un 10% respecto al año pasado, las cifras son aún peores: apenas 3.300 kilos por hectárea, una merma del 20%.
En cuanto a los triticales, que han subido un 10% su superficie de siembra, alcanzando las 21.417 hectáreas, están igualmente en 3.800 kg/ha de media.
Tal y como explica la técnico de Asaja, la pérdida de producción se debe, principalmente, a las plagas y enfermedades que han sufrido los cereales, ya que la gran cantidad de lluvias caídas en primavera impidieron aplicar los productos fitosanitarios necesarios para evitarlos. «La prueba está en que hay explotaciones puntuales que sí pudieron distribuir los productos de manera normal y han alcanzado los rendimientos previstos, en muchos casos muy por encima de los 4.000 kg/ha», detalla García.
Volteo y quemas
De hecho, la mala sanidad de los cultivos es tal, que desde Asaja Sevilla han reclamado una flexibilización de la BCAM 6, incluida en la condicionalidad de la Política Agraria Común (PAC), para que se permita el volteo del terreno en las parcelas de cereales antes del 1 de septiembre, fecha que establece la normativa.

De esta forma, asegura la técnico de herbáceos, se controlarían las malas hierbas tanto en las fincas afectadas por el mosquito del trigo como en las que no. Además, también han reclamado que se autorice la quema de rastrojos en aquellas plantaciones con presencia de la plaga e, incluso, ayudas directas a los agricultores.
Por último, se ha pedido a Enesa y Agroseguro que las pólizas de herbáceos cubran los daños demostrados de la plaga ya que, alegan desde Asaja Sevilla, su extensión se debe a que las inclemencias meteorológicas han impedido el control de las malas hierbas. De hecho, desde la organización agraria reclaman a la Junta de Andalucía que apoye en esta petición y, desde su papel como administración autonómica, reclamen también que el seguro cubra los daños del mosquito del trigo. «No se aplicaron los tratamientos fitosanitarios porque las condiciones metorológicas lo hicieron totalmente imposible», insisten desde la patronal.
Precios muy bajos
A la merma de producción se une el «desastre» en el que se ha convertido el mercado cerealista. Y es que los precios en origen, muy bajos, dejan a los productores lejos de alcanzar, siquiera, cubrir unos costes cada vez más altos marcados por la subida de las semillas, los fertilizantes o la electricidad.
«Producir una hectárea de cereal ronda, a día de hoy, los 800 euros», detalla Macu García, que calcula que harían falta «4.000 kilogramos por hectárea» para poder cubrir costes, habida cuenta de que las cotizaciones están «por los suelos», con el trigo pienso pagándose a 203 euros la tonelada y el trigo duro grupo 2 a 250 €/tn.
Sin aranceles hasta junio
Además, desde 2022, el mercado se ha visto inundado de cereal de Ucrania, que podía entrar en España sin aranceles hasta el pasado 6 de junio. Aunque la medida ya ha quedado suspendida, lo cierto es que aún no se ha notado en los precios que se pagan a los agricultores.
«Ayudar a Ucrania está muy bien, pero no a costa arruinar a nuestros propios productores», lamenta la técnico de Asaja Sevilla, que pide que se priorice el producto local frente al que entra por los puertos.
De otro lado, detalla que también han solicitado desde la patronal agraria la supresión de los aranceles a los fertilizantes rusos y bielorrusos, que al final «repercute directamente» en el precio que pagan los agricultores españoles.