El cereal andaluz, atrapado entre costes históricos y precios ruinosos
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El cereal andaluz, atrapado entre costes históricos y precios ruinosos

La producción media en Sevilla se queda lejos de los 4.000 kilos necesarios para cubrir costes

09/06/2025 a las 07:00

La campaña cerealista en Andalucía está dejando cifras muy por debajo de lo esperado. Aunque aún es pronto para cerrar balances, las primeras cosechadoras que han entrado en campo están constatando lo que muchos temían: los rendimientos se sitúan en una horquilla de entre 3.000 y 3.200 kilos por hectárea, lejos de los más de 4.000 necesarios para cubrir los costes actuales, que se sitúan por encima de los 800 euros por hectárea.

«Las cuentas no salen», resume un técnico agrario tras haber mantenido varias conversaciones con agricultores de toda la provincia. «Nadie va a llegar a 4.000 kilos. Lo que estamos viendo en campo y lo que dice la serie histórica es que la media real está más cerca de los 3.000», explica. Los datos recogidos en municipios como Carmona, Marchena, La Puebla o Mairena confirman este diagnóstico.

Las diferencias por zonas son notables. En lugares como Pruna o La Campana, apenas se ha empezado a cosechar y el porcentaje recolectado es inferior al 1%. En otras áreas más adelantadas como Carmona, se ha llegado al 21%, aunque con producciones también muy ajustadas.

Pero los problemas no terminan ahí. El bajo rendimiento se explica por una combinación de factores climáticos y biológicos. Primero, la lluvia en primavera, que impidió entrar a tiempo a abonar y tratar, y que, cuando sí se logró abonar, arrastró los nutrientes debido a su intensidad. Segundo, una plaga cada vez más presente: el mosquito del trigo (Mayetiola destructor), que ha cortado las espigas en numerosas explotaciones, especialmente en la campiña sevillana.

«Con precios por debajo de los 200 euros por tonelada, para cubrir gastos tendrías que sacar más de 4.000 kilos. Y si llegas a eso, apenas te quedan 15 o 20 euros de beneficio. Es una miseria. Y lo grave es que no vamos a llegar», lamenta otro agricultor. «Una besana puede salir redonda, pero lo habitual es que haya zonas inundadas, otras secas, otras con plaga…».

Los expertos calculan que la merma respecto a una campaña normal puede rondar el 15 % en términos de superficie recolectada útil o volumen de grano, aunque todo indica que ese porcentaje podría quedarse corto en muchas fincas. «Hasta que no meten las máquinas no se sabe de verdad lo que hay, pero lo que estamos viendo no invita al optimismo», zanjan.

La situación ha motivado protestas en todo el país, incluyendo una reciente concentración ante el Ministerio de Agricultura en Madrid. Las organizaciones agrarias exigen una batería de medidas urgentes, que incluyen ayudas directas para compensar el sobrecoste de fertilizantes, la supresión inmediata de los aranceles a la importación de fertilizantes de Rusia y Bielorrusia, y un control efectivo de las importaciones de cereal.

«Somos el primer país importador de cereal de Europa. Este año España necesitará importar unas 35 millones de toneladas, frente a una producción nacional estimada en 19,5 millones», ha explicado Martín. El problema, denuncia, es que muchas de estas importaciones provienen de países con controles fitosanitarios menos exigentes, afectando directamente al cereal español. «Desde el inicio de la guerra en Ucrania, las importaciones de trigo blando en Europa se han multiplicado por siete», añade el secretario general de Asaja Sevilla.

La calidad de los cultivos también es irregular. Aunque en algunas zonas se están alcanzando buenos rendimientos, en muchas otras la calidad se ha visto mermada, especialmente en parámetros como las proteínas o el peso específico del grano, debido a las lluvias intensas de primavera y a la imposibilidad de abonar en los momentos clave.

«El cerealista hoy es un héroe. Pero los héroes también necesitan comer y vivir. No podemos dejar que este sector se extinga», concluye Martín.

El sector cerealista andaluz afronta así una de sus campañas más duras en años. Con costes disparados, rendimientos muy por debajo de lo necesario y unas condiciones agronómicas adversas, muchos agricultores se enfrentan a pérdidas aseguradas. La incertidumbre es máxima y la única certeza, por ahora, es que la rentabilidad del cereal en Andalucía está seriamente comprometida. Sin rentabilidad, advierten los productores, no hay relevo generacional ni viabilidad posible para el campo.

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